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12.1.25

Nathalie Léger cita a Agatha Christie

Una tarde, en el cajón de la mesilla de noche de un hotel de Pont-Audemer, encontré un libro olvidado que leí de un tirón. Era La señora McGinty ha muerto de Agatha Christie: "Por qué conservamos las fotografías? No es por vanidad, ni por sentimentalismo, ni por amor: tal vez sea por odio... Qué dice usted?".


De "La exposición"
    

1.6.24

Nathalie Léger. La exposición

Abandonarse, no premeditar nada, no querer nada, no distinguir ni deshacer nada, no mirar fijamente, más bien desplazar, esquivar, desenfocar y considerar lentamente sólo la materia que se presente, tal como se presente, en su desorden, e incluso en su orden.
Dicen que su belleza dejaba estupefacto, que era inmóvil y feroz. Al verla aparecer, la princesa de Metternich confesó: "Me quedé de piedra ante tal belleza prodigiosa: qué preciosos cabellos, qué cintura de ninfa, qué tez de mármol rosado! En una palabra, es una Venus descendida del Olimpo! Nunca había visto una belleza semejante, nunca volveré a ver otra igual!" En su ferocidad, descansa en un sofá y se deja admirar como una presa, ausente en medio de la multitud, con la mirada fría, impasible. Su poder la hace odiosa, pues su belleza, dicen, derrota a las demás beldades. Es la época de la guerra de Crimea, y una marquesa constata que su llegada da "un toquecito orienta". Se busca la sombra de algún defecto y se señala su ostentación como una falta de gusto: "Si hubiera sido sencilla y natural, habría transformado el mundo... Sin duda debemos felicitarnos de que la condesa no haya sido más sencilla...", afirmó madame de Metternich. Se admiraba su belleza como se iba a ver a los monstruos de feria.
La encontré por casualidad, en lo alto de una pequeña escalera de madera, en la vetusta librería de una ciudad de provincias, y también a mí me impresionó, pero por otras razones. Una mujer apareció de pronto en la cubierta de un catálogo, La Comtesse de Castiglione par elle-même


Principio de "La exposición"