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13.12.20

Louise Glück. Campanilla de invierno

Sabéis quién era yo, cómo vivía? Sabéis
de la desesperanza, el invierno
debería tener significado para vosotros.
   
No esperaba sobrevivir,
la tierra me asfixiaba. Jamás esperé
despertar de nuevo, sentir
en la húmeda tierra mi cuerpo
capaz de responder otra vez, recordando
después de tanto tiempo cómo abrirme
de nuevo en la fría luz
de la temprana primavera:
   
asustada, sí, pero de nuevo entre vosotros;
llorando, sí, me arriesgo a la alegría
   
en el áspero viento del nuevo mundo.
  
  
De "El iris salvaje"
    

19.10.14

Louise Glück. El jardín

No puedo hacerlo nuevamente,
difícilmente soportaría verlo;

bajo la tenue lluvia del jardín
la joven pareja siembra
un surco de guisantes, como si
nadie lo hubiese hecho nunca:
los grandes problemas todavía
no han sido enfrentados y resueltos.

Ellos no pueden verse,
en el polvo fresco aún, empezar
sin ninguna perspectiva,
con las colinas al fondo, verdes y pálidas, nubladas de flores.

Ella desea detenerse;
él desea llegar hasta el fin,
permanecer en las cosas.

Mírala a ella tocar su mejilla,
pedirle una tregua, los dedos
ateridos por la lluvia primaveral;
en el pasto tierno estrellan rojos azafranes.

Aun aquí, aun en los comienzos del amor,
su mano al abandonar la cara
da una impresión de despedida,

y ellos se creen
capaces de ignorar
esta tristeza.


De "El iris salvaje"

14.5.14

Louise Glück. Amor bajo la luz de la luna

A veces un hombre o una mujer imponen su desesperación
a otra persona, a eso lo llaman
alternativamente desnudar el corazón, o desnudar el alma.
(Lo que significa que para entonces adquirieron una.)
Afuera, la tarde de verano, todo un mundo
arrojado a la luna: grupos de formas plateadas
que podrían ser árboles o edificios, el angosto jardín
donde el gato se esconde para revolcarse en el polvo,
la rosa, la coreopsis y, en la oscuridad, la cúpula dorada del capitolio
transformada en aleación de luz de luna,
forma sin detalle, el mito, el arquetipo, el alma
llena de ese fuego que en realidad es luz de luna,
tomada de otra fuente, y brilla
unos instantes, como brilla la luna: piedra o no,
la luna sigue estando más que viva.

De "El iris salvaje"

3.2.14

Louise Glück. Trillium

Cuando desperté me hallaba en un bosque. Lo oscuro
parecía natural, el cielo a través de los pinos
colmado de tantas luces.

No sabía nada: nada podía hacer sino mirar.
Y mientras miraba, todas las luces del cielo
se desvanecieron hasta ser una sola cosa, una llama
que ardía entre abetos helados.
Después fue imposible mirar al cielo
sin ser destruida.

Hay almas que necesitan la presencia
de la muerte, como yo de protección?
Pienso que si hablo suficiente
podré contestar esa pregunta. Y veré
lo que ellos ven: una escalera
alzándose entre los abetos, cualquier cosa
que los llame a intercambiar sus vidas.

Creo entenderlo.
Desperté ignorante en un bosque;
hace apenas un momento desconocía mi voz,
si me dieran alguna
estaría tan llena de dolor, mis frases
se ensartarían todas juntas, como gritos.
Ni siquiera supe si sentí dolor
hasta que vino la palabra, hasta
que sentí la lluvia
fluyendo desde mí.


De "El iris salvaje"

27.12.13

Louise Glück. Canción de cuna

Es hora de dormir. Has tenido
suficientes emociones este día.

El crepúsculo, luego el atardecer.
En la habitación titilan las luciérnagas, por aquí
y por allá, por aquí y por allá. Y la honda
dulzura del verano inunda la ventana abierta.

No pienses más en eso. Escucha
mi respiración, tu propia respiración;
como las luciérnagas, cada pequeño respiro
es un fulgor donde aparece el mundo.

Ya he cantado para ti suficiente esta noche de verano.
Al final lograré convencerte; el mundo
no puede darte visión tan sostenida.

Debes aprender a amarme. Los seres humanos
deben aprender a amar
la oscuridad y el silencio.

De "El iris salvaje"