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8.5.24

Louise Glück. Albada

El mundo era muy grande. Luego
el mundo era pequeño. Ah,
muy pequeño, tan pequeño como
para caber en un cerebro.
   
Carecía de colores, era todo
espacio interior: nada
entraba ni salía. Pero el tiempo 
se filtraba en cualquier caso, esa
era la dimensión trágica.
   
Me tomaba el tiempo muy en serio en esa época, 
si mal no recuerdo.
   
Una habitación con una silla, una ventana.
Una pequeña ventana, llena de las formas que dibujaba la luz.
En su vacío el mundo
   
siempre era algo entero, no
un pedazo de otra cosa, con
el yo en el centro.
   
Y en el centro del yo,
un dolor que no me creía capaz de soportar.
   
Una habitación con una cama, una mesa. Destellos
de luz sobre las superficies desnudas.
   
Tenía dos deseos: deseaba
estar a salvo y deseaba sentir. Como si
   
el mundo hubiera tomado 
una decisión contra el blanco
al desdeñar sus posibilidades
y preferir en cambio la sustancia:
   
paneles
dorados donde daba la luz.
En la ventana, las hojas
rojizas del haya.
   
Y al margen de la quietud, hechos, objetos
borrosos o aglutinados: en algún sitio
   
el tiempo se agitaba, el tiempo
pedía a gritos ser tocado, ser
palpable,
   
la madera pulida
resplandecía con cientos de matices...
   
Y entonces volví a ser
una niña que tenía delante la riqueza
e ignoraba de qué estaba hecha la riqueza.


De "Vita nova"
    

6.8.21

Louise Glück. Lamento

Sucede algo terrible: mi amor
se está muriendo otra vez, mi amor que ya se ha muerto:
murió y fue llorado. Y sigue la música,
una música de separación: los árboles 
se convierten en instrumentos.
   
Qué cruel es la tierra, los sauces resplandecen,
los abedules se inclinan y suspiran.
Qué cruel, qué profundamente tierna.
   
Mi amor se está muriendo; mi amor
no sólo una persona sino una idea, una vida.
   
¿Para qué voy a vivir?
¿Dónde volveré a encontrarlo
más que en el dolor, madera oscura
con que se hace el laúd?
   
Una vez basta. Una vez basta
para despedirse sobre la tierra.
Y para llorar a alguien también, por supuesto.
Una vez basta para despedirse para siempre.
   
Los sauces resplandecen junto a la fuente de piedra,
junto a senderos de flores.
Una vez es suficiente: ¿por qué está vivo otra vez?
Y también brevemente, y sólo en sueños.
   
Mi amor se está muriendo: la despedida ha vuelto a empezar.
Y a través de los velos de los sauces
la luz del sol asciende y resplandece,
no la luz que conocimos.
Y los pájaros cantan otra vez, canta hasta la huilota.
   
Ah, he cantado esta canción. Junto a la fuente de piedra
los sauces cantan otra vez
con una ternura indescriptible, arrastrando sus hojas
por el agua radiante.
   
Está claro que lo saben, lo saben. Él se está muriendo otra vez,
y también el mundo. Morirá durante el resto de mi vida,
eso creo.


De "Vita Nova"
    

13.9.19

Lorrie Moore cita un poema de Louise Glück

En el sueño de la ruptura
nos peleábamos por quedarnos
con el perro.
Ventisca. Dime tú
qué significa ese nombre. Era un cruce
entre algo grande y suave
y un perro salchicha. Esto tiene que referirse
a los genitales masculinos y femeninos?... Y si
yo fuera el perro, como en
mi yo infantil, inconsolable por ser
totalmente preverbal? [...] Ventisca,
sé un perro valiente, esto es
todo material; te despertarás
en un mundo distinto,
volverás a comer, crecerás y serás poeta.
La vida es rara, termine como termine,
siempre llena de sueños.


Louise Glück
"Vita nova"

Poema citado al principio del libro "Gracias por la compañía"
de Lorrie Moore
     

18.4.16

Louise Glück. Eurídice

Eurídice volvió al infierno.
Lo difícil
fue el viaje, que
al llegar se olvida.

La transición
es difícil.
Y moverse entre dos mundos
lo es especialmente;
la tensión era muy grande.

Una travesía
llena de arrepentimiento, de añoranza,
que en el mundo apenas podemos
imaginar o recordar.

Sólo durante un momento,
cuando la oscuridad del averno
la envolvió de nuevo
(suave, respetuosamente),
sólo durante un momento pudo
ver de nuevo una imagen de la belleza
de la tierra, belleza
por la que sufría.

Pero vivir con la infidelidad humana
es otra cuestión.



De "Vita Nova"

11.3.16

Louise Glück. La reina de Cartago

Brutal, amar,
más brutal morir.
Y brutal más allá del alcance de la justicia
morir de amor.

Al final. Dido
convocó a sus damas de honor
para que vieran
qué duro destino le habían impuesto las Parcas.

Dijo: «Eneas
vino a mí sobre las resplandecientes aguas;
yo le pedí a las Parcas
que le permitieran corresponder a mi pasión
aunque fuera por un tiempo breve. Qué diferencia
entre aquello y toda una vida: en verdad, en esos momentos,
es lo mismo, ambas cosas son la eternidad.

Recibí un espléndido regalo
que intenté aumentar, prolongar,
Eneas vino a mí sobre las aguas: el principio
me cegó.

Ahora la reina de Cartago
aceptará el sufrimiento como aceptó la gracia:
que las Parcas te hagan caso
es una distinción, después de todo.

O habría que decir: honrando el deseo,
ya que las Parcas también se llaman así».




De "Vita Nova"