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14.5.18

Jean Rhys. El mundo de los insectos

"Los libros son casi todos mejores que la vida", pensaba Audrey. O, al menos, mejores que la vida tal como ella la vivía. Por supuesto, la vida cambiaría pronto, ensancharía sus horizontes, sería algo muy diferente. Nadie podría seguir viviendo si así no lo esperara. Pero por el momento no cabía duda de que era grato evadirse de la realidad. Y los libros le permitía a ella tal huida.


De "El mundo de los insectos"
uno de los relatos de la antología "Viajes indiscretos"
    

29.8.17

Dorothy Parker. Ya estamos

El joven del flamante traje azul terminó de colocar las maletas resplandecientes en los estrechos rincones del compartimento de coche cama. El tren había saltado en las curvas y brincado en los tramos rectos, convirtiendo el equilibrio en una proeza loable y esporádica; y el joven había empujado, alzado, apretado y desplazado las maletas con concentrado cuidado.
Claro que ocho minutos para colocar dos maletas y una sombrerera es mucho tiempo.


Principio de "Ya estamos"
uno de los relatos de la antología "Viajes indiscretos"
    

28.8.17

Grace Paley. La corredora de fondo

Un día, poco antes o después de los cuarenta y dos, me convertí en corredora de fondo. aunque estaba gruesa y, en muchos sentidos, en malas condiciones para tal fin, quería ir lejos, y deprisa. No tan deprisa como las bicicletas y los trenes, no tan lejos como Taipei, Hingwen, lugares así, islas de tías de ojos rasgados, como dicen los marineros en las estaciones de autobuses cuando hablan de viajar, sino dando vueltas y vueltas al condado desde la costa a los puentes por las viejas calles del barrio una o dos veces, antes de que la vejez y la renovación urbana acaben con ellas y conmigo.


Principio de "La corredora de fondo"
uno de los relatos de la antología "Viajes indiscretos"
    

24.8.17

Jean Rhys. Era el horror

Era el horror oculto, el horror que todo el mundo hacía como si no existiera, el horror que tenía la culpa de todos los demás horrores.


De "El mundo de los insectos"
uno de los relatos de la antología "Viajes indiscretos"
    

11.8.17

Edith Wharton. Almas estancadas

El compartimento iba lleno cuando el tren salió de Bolonia, pero en la primera estación después de Milán, su único compañero de viaje (una persona educada que comía ajo de una bolsa), hizo una inclinación de cabeza y se fue, dejando el asiento lleno de migas.
Lydia se quedó mirándole con pesar hasta que su espalda de paño brillante desapareció entre la nube de taxistas y maleteros que pululaban por la estación; volvió luego la mirada hacia Gannett y advirtió el mismo pesar en su expresión. Ambos lamentaban quedarse solos.


Principio de "Almas estancadas"
uno de los relatos de la antología "Viajes indiscretos"
   

3.8.17

Colette. Final de trayecto

"Nunca se me habría ocurrido! Quién iba a decir que nuestros caminos volvería a encontrarse? Cuánto hace ya que no te ponía la vista encima! Sí, claro, Marsella, recuerdas? Estabas de gira con la compañía Pitard y yo con la Dubois. Actuábamos la misma noche, nuestro grupo estaba decidido a que el vuestro no lo superara, y viceversa. Eso no nos impidió salir a tomar un bocado juntos aquella noche, marisco, en la terraza de Basso, eh!


De "Final de trayecto"
uno de los relatos de la antología "Viajes indiscretos"
    

31.7.17

Willa Cather. Matinée wagneriana

Una mañana recibí una carta escrita con tinta clara en papel mate rayado. El matasellos era de un pueblecito de Nebraska. El mensaje, rozado y gastado, que parecía haber pasado días en un bolsillo no muy limpio, era de mi tío Howard; me comunicaba que su esposa había recibido un pequeño legado de un pariente soltero fallecido recientemente y que tendría que ir a Boston para asistir a la liquidación de la herencia. Me pedía que fuera a buscarla a la estación y la atendiera en todo lo necesario.



Principio de "Matinée wagneriana"

uno de los relatos de la antología "Viajes indiscretos"

    

12.7.17

Edna O'Brien. La excursión

Ella se alejó, muy pensativa. Había perdido la ocasión. Su marido viviría eternamente. Ella y su amigo estaban condenados a recorrer las calles arriba y abajo hasta el puente del ferrocarril y los dos acabarían cansándose de pasear y regresarían ambos a sus respectivos hogares provisionales.



De "La excursión"
uno de los relatos de la antología "Viajes indiscretos"
    

4.7.17

Sylvia Townsend Warner. Justo a la medianoche

La última persona que la vio fue la señora Barker, la asistenta. Entró en la cocina a las once menos diez (la señora Ridpath era siempre puntual, podías poner el reloj por ella), puso la hervidora eléctrica, sacó la cafetera, la leche, el azúcar, las dos tazas y los dos platillos color rosa, las cucharillas, el bote de café. Sacó el bizcocho de pasas del molde, cortó dos buenas rebanadas, las puso en las bandejitas rosa que pegaban con las tazas, aunque no eran del mismo juego. El agua hirvió, el café estaba listo. A la hora en punto, las dos mujeres se sentaron a tomar su refrigerio. Todo fue como siempre. 



Principio de "Justo a la medianoche"
uno de los relatos de la antología "Viajes indiscretos"
     

26.6.17

Louise Erdrich. La reina de la remolacha

Detrás de mis ojos brotaron lágrimas calientes y me ardieron los oídos. Tenía ganas de llorar, pero sabía que era inútil, así que me puse a andar, mirando cuidadosamente a mi alrededor, y fue afortunado que lo hiciera, porque había dejado atrás la carnicería y de pronto allí estaba, a corta distancia de la calle, en un camino de tierra.


De "La reina de la remolacha"
En la antología "Viajes indiscretos"
    

19.6.17

Isabella Bird. Vida de una señora en las montañas rocosas

Deer Valley, noviembre

Me encuentro esta noche en un lugar bello como una granja holandesa: amplio, cálido, brillante, limpio, con abundante comida sana y un dormitorio pulcro y fresco para mí sola. Pero es muy difícil escribir porque dos irlandesas escandalosas y parlanchinas que regentan una pensión de mineros en South Park y que se dirigen a sus cuarteles de invierno en una carrera, están contando las historias más terribles que haya oído en mi vida sobre comités de vigilancia, ley de Lynch y «ahorcamientos». Se te hiela la sangre sólo de pensar que por donde viajo completamente segura, hace muy poco mataban a los hombres a tiros como si fueran mofetas. En los pueblos mineros de alta montaña consideran que no vale nada quien no haya matado a un hombre..., en determinadas circunstancias, claro.




De un fragmento de "Vida de una señora en las montañas rocosas"
En la antología "Viajes indiscretos"