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22.8.24

Florencia del Pinar. Canción VI

   Tanto más crece el querer
y las penas que sostengo,
cuanto más quiero esconder
el grado de que vos tengo.
   El grado crece mirando
en tanto que más os miro,
y las penas suspirando
si de vos mirar me tiro.
Ya no me puedo valer,
que en punto de morir vengo,
cuanto más quiero esconder
el grado que de vos tengo.


En "Poéticas. Antología de mujeres del siglo XVI"
    

27.10.23

Hipólita de Narváez. II

Se fue mi sol, y vino la tormenta
(que yo no espero de su ausencia menos),
y el cielo turquesado sus serenos
ojos cubrió, obligado de la afrenta.
Un acento tristísimo revienta
entre los vientos, de tinieblas llenos;
tiemblan las nubes con los roncos truenos,
arden los campos, el temor se aumenta.
Salió mi Sol y de dorados jaspes 
vistió su oriente, y de esmeraldas finas 
los altos montes y las llanas tierras;
bordó las vagas nubes de giraspes, 
sudaron rubias mieles las encinas
y blanca leche las azules sierras.


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24.10.23

Sor María de la Antigua. Romance IV

Entre el incendio de amor
y los regalos del alma,
que solo sabrá decirlos
el amante que los causa;
entre las caricias tiernas
y palabras regaladas
que sin pronunciar se dicen,
propio efecto de quien ama;
dentro en el corazón tierno,
donde tuvo principio el alma
en la eternidad del sol,
que conoce su sustancia;
en aquel silencio dulce,
que da la corriente del agua,
del pecho, que abrasa amor,
y da dos fuentes la cara;
entre violetas hermosas 
y azucenas regaladas,
que publican casto amor
en el pecho de la amada,
da un alma suspiros tiernos
salidos de las entrañas,
porque su Amante divino
todo el mundo no le ama.
Le dice: mi solo bien,
mi vida dulce y amada,
cómo vivirá tu sierva
viendo los pocos que os aman?
Cómo puede descansar
en Vos, centro de mi alma,
si sé que no sois amado
como lo piden mis ansias?
Centro de mi paraíso, 
amado bien de mis ansias,
dadme las almas del mundo,
que para Vos todo es nada.
Como soy cosa tan poca,
y Vos tan grande sustancia,
hallo que el amor de todos
aún no puede amarte nada.
Y como veo la gente
de tu amor tan descuidada,
se me arde el corazón 
por quitarles lo que aman.
Ando de noche y de día 
imaginando mil trazas,
para la restitución 
del amor que os debe el alma.
Mas como por mis pecados
en blanco las veo tornadas,
vuelvo a quejarme a mi blanco
del amor que me las causa.
Porque no hallo consuelo
sino en sola tu palabra;
pues me dijiste en maitines, 
yo cumpliré tu demanda.


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21.10.23

Luisa de Carvajal y Mendoza. Sentimientos de ausencia

Dulce y fiel esperanza,
mi Cristo, mi Señor, y mi deseo;
qué bienaventuranza,
qué gusto o qué recreo
podrá para mí haber donde no te veo?
Encerrado en mi pecho,
de ausencia y del amor fuego tan fuerte 
me ha puesto en tal estrecho, 
que un punto de no verte
me es de mayor dolor que el de la muerte.
Porque sin ti mi vida
queda, cual la del pez, sin su elemento,
hasta que socorrida 
de tu presencia, siento
vuelto en deleite y gloria mi tormento.
Baste, mi bien, te ruego
no te tardes ya más en socorrerme,
pues ves, Señor, que llego
a un extremo, que en verme
se juzgará que vas a deshacerme.
Rompe esta tenebrosa 
nube, que de mil modos me atormenta,
con tu vista gloriosa,
y apaga la sedienta 
congoja que me aflige y desalienta.
Que cuando reverbera 
la rutilante luz de tu hermosura,
mi Invierno en Primavera 
se trueca, y su secura 
en dulce y amenísima frescura.


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18.10.23

Leonor de Iciz. Soneto a don Alfonso de Ercilla

Mil bronces para estatuas ya forjados,
mil lauros, de tus obras premio honroso,
te ofrece España, Ercilla generoso,
por tu pluma y tu lanza tan ganados.
Hónrese tu valor entre soldados,
envidie tu nobleza el valeroso,
y busque en ti el poeta más famoso
lima para sus versos más limados. 
Derrame por el mundo tus loores 
la fama, y eternice tu memoria,
porque jamás el tiempo la consuma.
Gocen ya, sin temor de que hay mayores,
tus hechos y tus libros de igual gloria,
pues la han ganado igual la espada y la pluma.


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15.10.23

Isabel de Vega. Glosa

De una herida mortal
que solo amor pudo darla
quedó mi sentido tal,
que ni vive con el mal
ni bien con el bien se halla,
y cuando más sin remedio,
más contento en su pasión, 
entonces de compasión 
el mismo amor le dio medio;
tanto puede la afición. 
Tanto puede la afición 
que en justo lugar se emplea,
que con muy justa razón 
palma sin contradicción 
llevará el que así pelea;
mas guárdese de mudanza 
el que tal victoria espera;
susténtese en su esperanza,
que cualquiera bien se alcanza,
cuando con fe persevera. 
Cuando con fe persevera 
el que en bien amar se gasta,
finge contento aunque muera,
y al fin hace de manera
que poco favor le basta,
y es tan acepto este amar,
que aunque sin pena pudiera,
quiere mucho más penar
que tal victoria alcanzar
donde premio no se espera. 
Donde premio no se espera
de los servicios y amor,
un corazón de una fiera 
no pienso que resistiera 
el sentimiento y dolor;
mas no desmaye el penado
ni le venza la pasión, 
que si tal es el cuidado,
de solo haber bien amado
de allí saca galardón. 


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12.10.23

Catalina de Zúñiga. Respuesta a la pregunta de don Juan de Borja

El diligente deseo
podría ser de placer
por el dulce devaneo;
mas la fineza de él, creo
que está puesta en padecer,
porque aunque poder cumplirle
en servicio del amado
es el bien más estimado, 
lo que cuesta diferirle 
hace el mérito doblado.
Mayor deudo con lo feo,
no siendo el negro color,
sin saber si es lo mejor,
yo diría, a ley de creo,
que de azul el resplandor.
Subir un hombre vencido
podrá cuando la Victoria 
guste de echar en olvido
al que ayer favorecido
hoy borre de la memoria. 
Mas pensar que el ser amado
con el que ama tiene igual,
eso está averiguado,
por ser caso reservado
para gente de caudal.
Para amado, quién no basta?
Para amar, hay bueno alguno?
A no llamarme importuno
jurara que de esta casta
no ha quedado ninguno.


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9.10.23

Sor María de San José. Redondillas (Fragmento)

Exhortando a las carmelitas descalzas a conservar las constituciones de Santa Teresa.

Ay, ay, Carmelo dichoso,
guárdate, que anda la raposa
solícita y cuidadosa
por quitarte tu reposo!
Está con el ojo alerta,
puesto siempre en centinela, 
y llama para esta vela
a tu Teresa y Alberto.
No fíes en esperanzas 
ni promesas aparentes,
nota bien inconvenientes 
y previene las mudanzas.
No te engañen con decir
de otras nuevas perfecciones;
huye de las invenciones,
que te quieren destruir.
Bien vas, bien vas, no te mudes,
pues tiene larga experiencia;
resiste con vehemencia, 
de lo demás no te cures.
Ay, ay, otra vez te digo,
y mil decirlo querría, 
y aún de grado moriría 
y desde luego me obligo!
A trueque de servirte,
dulce monte y patria buena,
venga sobre mí la pena,
que no quiero más vivir.
(...)


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6.10.23

Leonor de Ovando. En respuesta a uno de Eugenio de Salazar

El niño Dios, la Virgen y parida,
el parto virginal, el Padre eterno,
el portalico pobre y el invierno
con que tiembla el autor de nuestra vida.
Sienta, Señor, vuestra alma y advertida
del fin de este don y bien superno, 
absorta esté en aquel, cuyo gobierno
la tenga con su gracia guarnecida.
Las pascuas os dé Dios, cual me las disteis
con los divinos versos de esa mano;
Los cuales me pusieron tal consuelo,
que son alegres ya mis ojos tristes,
y meditando bien tan soberano, 
el alma se levanta para el cielo.


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2.10.23

Francisca de Aragón. Epístola a don Manuel de Portugal (fragmento)

Pues aquel gran amor que me tuviste 
holgaste de mudar en otra parte,
yo soy contenta de lo que escogiste.
No sabrá ella como yo enojarte;
siempre te tratará de una manera
que si no sé si será señal de amarte.
Será más estimado, que no fuera
el espíritu tuyo y alabado
más que cuando de ti amada era.
Mas no por esos bienes que has hallado
en ella, dejará de dar espanto 
de ver un corazón así mudado.
No te quiero hablar en esto tanto
porque se huelga el mal que ha hecho
de ver que el ofendido vive en llanto.
Tú estás en tu placer y satisfecho:
yo seré de amistad muy grande tu amiga,
dejando siempre a salvo mi derecho.
Que no quiero que nadie vea ni diga
la culpa tuya, ni que me has dejado
de amar en verme que te soy enemiga.
Para conmigo quedas disculpado,
porque siempre te tuve por mudable,
aunque a veces me habías engañado;
para mí es el dolor muy tolerable,
ningún cuidado tengas de mi pena;
afírmate, no seas variable,
que no puede hallarse cosa buena
con quien hace mudanzas cada día,
dejando natural por cosa ajena.
Esto que te escribo no querría 
que te haga pensar que quedo muerta,
pues más el daño a mí que a ti ofendía.
Que tú sabes muy bien que es cosa cierta
el que va mil amigos procurando
que jamás amistad no se le acierta.
Yo te prometo que no vea llorando
jamás nadie mis ojos por esto,
ni el corazón por ello suspirando
ni el color mudado de mi gesto
el dolor que encubrir el alma suele
hará parecer claro y manifiesto.
Está seguro que no me desvele,
cuitado de saber cómo te ha ido
en este nuevo amor que ahora te duele.
Que mil veces te has visto tan perdido,
jurando que no amaste así en tu vida,
y tú sabes muy bien dónde se han ido.
Mira que pues merece ser servida,
que lo sepas hacer sin apartarte,
como hiciste de otra tan querida.
Perdóname que quiero aconsejarte 
en cosa que consejo no requiere
ni seso ni razón jamás en parte. 
Que conviene seguir lo que amor quiere,
digo cuando el amor es verdadero,
que no el amor de quien por todas muere.
Escribirte de mí nuevas no quiero,
que no las querrás ver de mano mía
ni tampoco de ti yo las espero.
Dios te dé con quien amas alegría, 
y a tu corazón dé contentamiento,
y te guarde de malo frenesí. 
Aunque todas tus penas lleva el viento,
pues no son más de cuanto estás presente,
que en partiendo te apartas de tormento.
No quiero seguir más este accidente
ni quiero declarar tus condiciones 
por no dar qué decir de ti a la gente.
Digo que has menester mil corazones 
para sufrir el mal que te procuras 
si andas de verdad en tus pasiones 
o te han de ser contadas por locuras.


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29.9.23

Teresa de Cepeda y Ahumada. Octava

Dichoso el corazón enamorado
que en solo Dios ha puesto el pensamiento,
por Él renuncia todo lo criado,
y en Él halla su gloria y su contento.
Aun de sí mismo vive descuidado,
porque en su Dios está todo su intento, 
y así alegre pasa y muy gozoso
las ondas de este mar tempestuoso.


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26.9.23

Florencia del Pinar. Canción IV

   Hago de lo flaco fuerte, 
voy a lo más peligroso,
quiero volver a la muerte,
puedo huir y no oso.
   La voluntad me condena
y en ello consiente amor,
donde por haberle temor 
hago del hilo cadena. 
No contradice mi suerte,
voy a lo más peligroso,
quiero volver a la muerte,
puedo huir y no oso.


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