Mostrando entradas con la etiqueta *La luz del atardecer. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta *La luz del atardecer. Mostrar todas las entradas

15.12.20

Edna O'Brien. Quizá la literatura le había producido vértigo

La propia Eleonora pensaba que quizá la literatura le había producido vértigo. La literatura era un camino para entrar en la vida o para salir de ella, Eleonora nunca estaba segura de cuál de los dos, pero lo cierto era que no había podido resistirlo.
Pensaba en la Clarissa de Samuel Richardson, que ponía cerrojos en puertas y ventanas para protegerse de la maldad del señor Lovelace, que no sabía si la frialdad de ella era real; para desgracia de Clarissa, consiguió que cediera y la hiciera pasar por su mujer. Pensaba en Jane Eyre, subyugada por el impenetrable señor Rochester, y en la creadora de Jane Eyre, Charlotte Brontë, que se enamoró de monsieur Heger, un hombre casado, y al descubrirse la iniquidad, ella y su hermana Emily fueron despachadas desde Bruselas a los páramos, y sus vidas, sin esperanza en lo sucesivo, se transformaron en visiones del amor hecho pedazos.


De "La luz del atardecer"
   

15.12.19

Edna O'Brien. Durante el largo viaje en tren...

Durante el largo viaje en tren consigue olvidar sus temores, absorta en el libro que ha llevado. Ni una sola vez levanta la vista para mirar el paisaje, pues de alguna manera lo conoce: barrios periféricos, huertos pequeños, ponis salvajes, ganado que merodea entre los castillos en ruinas, los campos empapados y las turberas implacablemente negras. Estaba leyendo El lector común, de Virginia Woolf


De "La luz del atardecer"
    

14.3.19

Edna O'Brien. La luz del atardecer

El pasado nunca muere. Ni siquiera es pasado.
William Faulkner


Hay una foto de mi madre, joven, con un vestido blanco, en la que sale de pie junto a su madre, que está sentada a la puerta de la casa en una silla de cocina, frente a un bosquecillo de árboles de hoja perenne. Su madre mira a la cámara con expresión grave, las manos huesudas unidas como si rezara. Pese al blanco virginal de su vestido y su actitud solicita, mi madre ya ha escuchado las llamadas al apareamiento desde el mundo exterior y ha visto la foto de un barco en alta mar. Sus ojos son asombrosamente dulces y hermosos.


Principio de "La luz del atardecer"