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1.7.24

Tove Ditlevsen. El paraguas

Helga siempre había esperado de la vida -contra toda lógica- mucho más de lo que esta podía darle. Las personas como ella se mueven entre nosotros y no difieren demasiado por su aspecto de aquellas que, por instinto, organizan sus asuntos y encuentran el sitio exacto que, por físico, aptitudes y entorno, les corresponde en el mundo. En lo tocante a estos tres factores, Helga solo estaba mediocremente dotada. 


De "El paraguas"
En "Felicidad perversa"
    

3.8.23

Tove Ditlevsen cita a Colette

"No hay camino hacia el amor. El amor se atraviesa en el camino y cuando desaparece deja el camino destruido".
La frase no era suya. Era de Colette, y llevaba muchos años sin acordarse de ella. 


De "Las caras"
   

22.6.23

Tove Ditlevsen. Las caras

A última hora de la tarde la cosa mejoraba un poco. Podía alisarla con cuidado y contemplarla con la esperanza de llegar a verla un día en su conjunto, como un tapiz de colores inacabado cuyo dibujo tal vez se adivinara al final. Las voces volvían a visitarla y, con algo de paciencia, lograba desenredarlas como hilos de un ovillo enmarañado. Podía pensar con calma en las palabras, sin miedo a que llegasen más antes del fin de la noche. En esa época, las noches a duras penas separaban los días unos de otros, y si con tu aliento abrías un hueco en la oscuridad como en un cristal helado, la mañana se te metía en los ojos con horas de antelación. 


Principio de "Las caras"
    

7.3.22

Tove Ditlevsen. Un día, sin embargo...

Un día, sin embargo, escribo algo distinto a todo lo que he escrito hasta entonces, aunque no sé con exactitud en qué consiste la diferencia. Escribo lo siguiente:

      Arde una vela en la noche,
      arde solo para mí, 
      si doy un soplido
      flamea cual sol,
      flamea solo para mí. 
      Mas si alientas suave
      y si alientas tú, 
      la vela luce más que la luz
      y arde en mi pecho con plenitud,
      solo para ti.


De la "Trilogía de Copenhague"
    

3.7.21

Tove Ditlevsen. La trilogía de Copenhague

Con la mañana, llegaba la esperanza. Como un resplandor fugaz, se posaba en la melena negra y lisa de mi madre, que yo jamás me aventuraba a tocar, y se quedaba en la punta de mi lengua mezclada con el azúcar de las gachas tibias, que me comía despacio y sin perder nunca de vista sus finas manos entrelazadas, inmóviles sobre el periódico, con su gripe española y su tratado de Versalles. Mi padre ya había ido a trabajar y mi hermano, al colegio, de manera que, aun conmigo allí, mi madre estaba sola, y si me quedaba callada sin decir nada, aquella calma distante de su corazón enigmático podía prolongarse hasta entrada la mañana, cuando bajaba a Istedgade para hacer la compra como las amas de casa corrientes.


Principio de la "Trilogía de Copenhague"
    

16.7.17

Tove Ditlevsen. Domingo

nunca ocurre nada los domingos.
Nunca encuentras un nuevo amor
en domingo.
Es el día de los infelices.
Día de pensión o día de familia.
Las horas más dolorosas de la amante
cuando se imagina a su amado
con sus hijos en las rodillas
mientras su mujer, sonriente,
entra y sale con tentandoras bandejas.
Un día maldito.

Alguna vez tuvo que haber sido diferente.
Por qué si no tendríamos todos
que esperar con ansias el domingo durante toda la semana?
Quizá cuando íbamos a la escuela?
Pero ya entonces las campanas sonaban
compungidas y grises como lluvia y muerte.
Ya entonces las voces de los adultos
eran débiles e insonoras como si buscasen a tientas
y en vano las palabras dominicales.

El olor a humedad y a pan mohoso,
a sueño, botas de goma y achicoria
ya subía entonces por la escalera
y la calle, que estaba dura, vacía y diferente
de una manera desolada-
El olor dominical nos forraba
con la gruesa capa de la decepción
que sigue a una expectativa
sin meta específica.

Pero, entonces cuándo? En un lugar anterior a la memoria
hubo felicidad, una expectativa irresistible
que todavía nadie había sido capaz de defraudar.
Entonces las campanas significaban que papá estaba en casa,
el bigote, las negras cejas y el olor a tabaco mascado
estaban allí y allí quedaban, en un lugar cercano,
y quizá la risa de tu joven madre
sonaba más alegre que los otros días.

Es domingo. Tú nunca encontrarás
un nuevo amor ese día.
Estás sentada en el cuarto de estar
apabullada y rígida como una figura de cartón
a los ojos de los niños.
Escarban con los pies
y se pelean sin energía.
"Deberíamos hacer algo", dices.
"Sí", dice una voz detrás del periódico.
Entonces os calláis los dos, porque todo lo que tenéis ganas
de hacer es oculto y secreto
y sería inaceptable para el otro.

Las campanas de la iglesia suenan. Las narices de los niños
se llenan de desesperanzado olor heredado.
Sobre sus dulces rostros se desliza
una fealdad pasajera.
Una luz marchita
nace en sus ojos.

Pero todos esperamos el domingo
toda la semana, toda nuestra vida,
esperamos la ilusión de cientos
de largos domingos vacíos, agotadores.
Día familiar, día de pensión,
el infierno de los amantes secretos.
Ese día en que la nauseabunda grisura de los adultos
impregna a los niños y establece
la incomprensible melancolía dominical de los años venideros.


[Den hemmelige rude, 1961]


En la antología de "Poesía nórdica"
    

18.5.17

Tove Ditlevsen. Autorretrato

Yo no sé:
cocinar
llevar sombrero
ser acogedora
llevar joyas
arreglar flores
recordar citas
agradecer regalos
dar la propina adecuada
retener a un hombre
mostrar interés
en las reuniones de padres.

No puedo
dejar de:
fumar
beber
comer chocolate
robar paraguas
quedarme dormida por la mañana
olvidarme de recordar
cumpleaños
y limpiarme las uñas.
Hablar
por boca de otros
revelar secretos
amar
lugares extraños
y psicópatas.
Puedo:
estar sola
fregar platos
leer libros
construir frases
escuchar
y ser feliz
sin mala conciencia


[De voksne, 1969]


En la antología de "Poesía nórdica"
     

12.8.06

Tove Ditlevsen

Tove Ditlevsen, cuyo nombre completo era Tove Irma Margit Ditlevsen (Copenhague, Dinamarca, 14 de diciembre de 1917 - 7 de marzo de 1976) fue una escritora danesa.