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3.1.26

Elizabeth Barrett Browning. Lo mejor del mundo

Qué es lo mejor del mundo?
Perlas de rocío caído en mayo sobre rosas de junio;
el viento dulce que viene del sur, pero no trae lluvia;
verdades sin crueldad para un amigo;
placer que no se apresura al final;
belleza, sin adornos y sin rizos,
cuyo orgullo acaba por desbordarse;
luz que nunca te hace parpadear;
recuerdos que no te causan dolor;
el amor cuando te vuelven a amar.
Qué es lo mejor del mundo?
Algo de esto, seguro.


De "Last poems"
    

21.5.25

Elizabeth B. Browning. Soneto VII

El rostro del mundo entero se ha alterado, creo,
desde la primera vez que oí los pasos de tu alma
moviéndose despacio, oh, tan despacio, despacio a mi lado,
alejándome de la espantosa frontera exterior
   
de la muerte inevitable, donde pensaba hundirme;
me cautivó el amor y me enseñó el conjunto
de la vida a un nuevo ritmo. De la copa de amargura
que Dios me entregó al ser bautizada, estoy dispuesta a
   
beber a tu lado, cariño, alabaré su dulzura.
Los nombres de los países y del cielo cambian
según donde estés o vayas a estar, aquí o allí,
   
y estos... este laúd y esta canción que ayer tanto anhelaba
(bien lo saben los ángeles cantores) hoy solo los quiero
si tu nombre se agita en todo lo que dicen.



En la antología "Amores eternos"
    

6.3.23

Elizabeth Gaskell cita a Elizabeth Barrett Browning

Cuando una voz amada que era para ti
a la vez sonido y dulzura cesa súbitamente
y el silencio, contra el que no te atreves a gritar,
te duele como una enfermedad violenta y nueva,
qué esperanza, qué ayuda, qué música reparará
ese silencio en tu sentido?

Sra. Browning



Cita al principio de un capítulo del libro "Norte y Sur"
    

29.6.20

Mary Cholmondeley cita a Elizabeth Barrett Browning

Pensé: "Bueno, si yo hubiera sido una mujer como
Dios las concibió, para salvar a los hombres con el amor,
con sólo mi amor podría haber salvado a este hombre".

Elizabeth Barrett Browning. De "Aurora Leigh"


En el libro "Un guiso de lentejas"
    

18.2.20

Elizabeth Barrett Browning. Aurora Leigh

El componer libros es tarea sin fin,
y yo, que he escrito mucho en prosa y en verso
para cumplir con fines de otros, escribiré ahora para los míos...
escribiré mi historia por mi lado bueno,
como cuando uno pinta su propio retrato para un amante
que lo guarda en un cajón y lo mira
mucho después de que ha dejado de amarte, solo
para recordar lo que fue y lo que es.


Principio de "Aurora Leigh"
    

25.9.11

Elizabeth B. Browning. XXV

Un triste corazón, amado mío, he soportado
año tras año, hasta que vi tu rostro,
y una pena tras otra desplazaban
aquellas alegrías, tan livianas
cual perlas ensartadas que en el baile al compás
del corazón se agitan. Pero pronto
la esperanza trocose en desaliento.
Y ni la misma gracia de dios apenas
podría alzar sobre el mundo mi triste corazón.
Entonces tú me rogaste que lo trajera
y lo dejara caer en la serena calma de tu ser.
En seguida se hundió, llevado por su peso,
mientras el tuyo lo amparaba y cubría,
interpuesto a los astros y al incierto destino.

De "Los Sonetos de la portuguesa"

6.7.11

Elizabeth B. Browning. XXXI

¡Vienes! todo queda dicho sin palabras.
Me siento bajo tu mirada como los niños
bajo el sol del mediodía, con sus almas
temblando a través de sus felices párpados
pródigos de un gozo oculto e incierto todavía.
Me equivoqué en aquella última duda,
y no puedo lamentar más el pecado que el hecho
de que fuéramos por un instante privados
de esta mutua presencia. Ah, quédate muy cerca,
ampárame en tus alas! Y cuando surjan mis miedos
haz que se interponga tu ancho corazón.
Guarda con tus divinos dones estas ideas
que tiemblan cuando tú no estás
como pequeños pájaros perdidos en el cielo

De "Los sonetos de la portuguesa"

5.6.11

Elizabeth B. Browning. XXI

Dilo una vez, y otra, di que me amas.
Aunque esa palabra repetida pudiera parecer,
como tú dices, el canto del cuco. Recuerda
que jamás en la colina, ni en el llano,
valle o bosque, llegó la fresca primavera
en todo su verdor sin las notas del cuco.
Amado, yo, en mis tinieblas, donde voces
extrañas me hieren y atormentan, grito:
"repite una vez más que me amas".
¿Quién teme tantos astros girando por el cielo,
tantas y tantas flores adornando los años?
Di que me amas, me amas, me amas...
Repite, amor mío, este clamor de plata!
Y recuerda, en silencio, amarme con el alma.

De "Sonetos de la portuguesa"
 

2.6.11

Elizabeth B. Browning. XXXII

La primera vez que el sol salió tras tu promesa
de amarme, esperé con ansia a la luna para soltar
los lazos atados con demasiada premura.
Los corazones que aman tan pronto, pensé,
pronto pueden odiar. al juzgarme a mí misma,
no me creí digna del amor de tal hombre,
igual que una vieja viola desafinada enojaría
a un buen cantor por estropear su canto,
y la abandonaría, presto, a la primera nota
malsonante. no fui injusta conmigo, mas levanté
sobre ti una ofensa, porque en manos maestras
pueden fluir perfectas melodías
de un instrumento destemplado, y las almas grandes
con un simple tañido, pueden conseguirlo.

De los "Sonetos de la portuguesa"
   

1.6.11

Elizabeth B. Browning. XIV

Si has de amarme, deja que sea por nada,
tan sólo por amor. No digas nunca
"la quiero por su risa... por su mirada...
por su modo de hablar siempre tan dulce...
o por su pensamiento tan parecido al mío
que nos trajo aquel día tanta serenidad".
Estas cosas, amado, nunca son inmutables:
amor que así se forja puede quedar en nada.
No me ames tampoco por pura compasión
al enjugar mis lágrimas: cualquiera
teniendo tu consuelo olvidarse pudiera
incluso de llorar, y así perder tu amor!
Ámame por amor, tan sólo por amor
para seguir amando toda una eternidad.

De los "Sonetos de la portuguesa"
  

31.5.11

Elizabeth B. Browning. XXXIX

Porque tienes el don y posees la gracia
de mirar a través y detrás de mi máscara,
(que los años blanquearon con sus golpes de lluvia)
y de ver el auténtico rostro de mi espíritu,
testigo desolado del curso de mi vida...
porque tienes la fe y el amor necesarios
para a través del mismo letargo de mi alma
ver el paciente ángel que un lugar aguarda
en los mundos celestes... porque ni la maldad,
ni la angustia, ni el castigo de dios,
ni el aliento cercano de la muerte, ni todo
lo que aparta a los otros o me hastía de mí...
nada de eso te aleja... enséñame, querido,
a sembrar gratitudes, cual tú hacerlo sabes.

De los "Sonetos de la portuguesa"
    

19.4.11

Elizabeth B. Browning. VI

Déjame. Pero sé bien que estaré siempre en tu sombra. Nunca ya sola en el umbral de la puerta de mi vida única, seré dueña de los usos de mi alma; ni levantaré una mano serenamente en la luz del sol, como antes, sin que sienta que renuncie, tu mano en mi mano. Que el destino parta entre nosotros su tierra infinita, pero deja tu corazón en el mío, latiendo juntos. Lo que yo hago y cuanto sueño te llevarán dentro, como el vino sabe a las uvas de donde saliera. Y cuando yo pida a dios por mí, él oiga que tú lo llamas y verá las lágrimas de los dos en mis ojos.

Traducción de Juan Ramón Jimenez
incluida en el libro "Música de otros"

   

11.1.07

Elizabeth Barrett Browning

Elizabeth Barrett Browning (Coxhoe Hall, Durham, Inglaterra, 6 de marzo de 1806 – Roma, 29 de junio de 1861) una de las poetisas más respetadas de la era victoriana.

***

Elizabeth Barrett Browning (nacida Elizabeth Barrett Moulton-Barrett) nació cerca de Durham, Inglaterra, el 6 de marzo de 1806.

Dicen que era hija de un propietario de plantación llamado Edward Moulton-Barrett, que adoptó el apellido "Barrett" al heredar las fincas de su abuelo en Jamaica. Su madre se llamaba Mary Graham-Clarke y provenía de una familia adinerada de Newcastle Upon Tyne.

Dicen que su padre hizo fortuna gracias a las plantaciones de azúcar en Jamaica y adquirió así una casa de campo (Hope End) cerca de Great Malvern.

Dicen que ya de niña demostró su talento. En 1820 (cuando apenas tenía catorce años) su padre publicó privadamente cincuenta copias de un poema épico juvenil, sobre la Batalla de Maratón. Dicen también que fue educada en casa (recibía lecciones del tutor de su hermano y dicen que se interesó desde muy pequeña por la lectura de los clásicos)

Dicen que muy joven contrajo una enfermedad pulmonar (probablemente tuberculosis, aunque la naturaleza exacta de sus dolencias ha sido objeto de muchas especulaciones) y debido a eso fue tratada como una inválida por sus padres.

En 1826 publicó de forma anónima "Ensayo sobre la mente y otros poemas".
Poco después, la abolición de la esclavitud (causa que ella apoyaba) redujo los recursos de su padre, por lo que tuvo que vender su finca y se trasladarse con su familia, primero a Sidmouth y después a Londres.

Dicen que en Sidmouth tradujo "Prometeo encadenado" (Prometheus Bound, en 1835), la obra de Esquilo.

Dicen que tras su traslado a Londres recayó en su enfermedad. Sin embargo, esto no interfirió con su actividad literaria, pues colaboró con varias revistas con "The Romaunt of Margaret", "The Romaunt of the Page", "The Poet's Vow", y otras piezas.

En 1838 se publicó "El serafín y otros poemas" (The Seraphim and Other Poems), con la que adquirió cierta fama.

En torno a 1841 publicó "El lamento de los niños" (The Cry of the Children).

En 1844 publicó dos volúmenes de Poemas (Poems), que constaba de "El drama del exilio" (The Drama of Exile), "Visión de poetas" (Vision of Poets), y "El galanteo de Lady Geraldine" (Lady Geraldine's Courtship).

En 1845 conoció a su futuro esposo, Robert Browning. Su noviazgo y matrimonio, debido a la delicada salud de Elizabeth y a las objeciones de su padre, transcurrieron en circunstancias bastante peculiares y románticas: dicen que él se enamoró de ella al leer sus poemas, sin haberla visto nunca, y empezarón una correspondencia que terminó en una boda secreta, y su fuga del hogar paterno.

Dicen que fueron un matrimonio feliz, a pesar de que el señor Barrett nunca los perdonó.

También dicen que en su nueva vida, su salud mejoró. Fijaron su residencia en Florencia, donde ella escribió "Las ventanas de la casa Guidi" (Casa Guidi Windows) en 1851.

Residieron en Piazza San Felice, (en un apartamento que hoy es el museo de Casa Guidi, dedicado a su memoria)

En Florencia conoció a las poetisas británicas Isabella Blagden y Theodosia Trollope Garrow.

En 1848 tuvo a su único hijo, Robert Wiedeman Barrett.

En 1850 publicó de forma anónima los "Sonetos de la Portuguesa", su obra más conocida en España. Empezó a escribirlos en 1845, pero no fue hasta el 1848 cuando se los dió a leer a su esposo, que la animó a publicarlos pese a lo personales que eran, ya que hablan de su relación desde que empezaron a escribirse cartas.

En 1856 publicó "Aurora Leigh".

En 1860 publicó una edición completa de sus poemas con el título de "Poemas antes del Congreso" (Poems before Congress).

Poco tiempo después su salud empeoró, fue perdiendo fuerza y murió el 29 de junio de 1861. Está enterrada en el cementerio protestante de Florencia.

Después de su muerte, se editó, en 1863, su última producción poética con el título de "Últimos poemas".





Pd. Mary Russell Mitford la describió como: “Una figura delgada, delicada, con una lluvia de rizos oscuros cayendo a cada lado de una cara muy expresiva; ojos grandes y tiernos, abundantemente rodeados por pestañas oscuras, y una sonrisa como un rayo de sol”.

Y Virginia Woolf nos contó la historia de su perro "Flush"




Obras citadas en este blog: