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13.4.25

Nathalie Léger. Y de repente, en la bruma dorada de este nuevo otoño...

y de repente, en la bruma dorada de este nuevo otoño, una minúscula certeza se estrella contra mi angustia, una visión muy clara, como despejada, una evidencia, de parte tuya para mí, de que todo está totalmente consumado y al mismo tiempo es interminable, sin fin. Realmente, aún no lo sabía yo? Casi me da la risa, en medio de esa penumbra que se evapora. Ya lo sabía, desde luego, pero ahora mismo lo acepto con una sensación general de gratitud, una dilatación, una adhesión al mundo tal cual es, efervescente, indiferente y alegre. En una inhalación, el descubrimiento de una responsabilidad, y en una exhalación, el desafío de un nuevo comienzo. 


De "En busca del cielo"
    

18.3.25

Nathalie Léger. Solo hay un lugar...

Cuando estoy charlando, a menudo también me dan ganas de hacerte un lugar. Es como una fidelidad, pero termino aprendiendo que esa fidelidad debería guardarse en secreto (secretas tus sorpresas, tus vacilaciones, las aristas de tu pensamiento, tu valor y tu dulzura, lo mucho que te gustaba el esquí y la astrofísica, lo mucho que querías a tus hijos, tu manera de conversar, de emocionarte, de dejarte llevar, de quedarte callado, de dormirte, de reír, las notas de tu risa, tu manera de tocar la punta de mis dedos con la punta de los tuyos, de mostrarte intimidado, desdichado, torpe, soberbio, tu manera de amar, de amar, no termino más). Solo hay un lugar donde se pueden reunir esas cosas, la escritura: única materia de este testimonio, a la vez tierra, cajón y cuerpo.


De "En busca del cielo"
    

23.11.23

Nathalie Léger. En busca del cielo

Avanzamos temblando. Recordamos, cuando recordar es posible, cuando estamos lo suficientemente en paz como para dejar que las imágenes cobren forma, recordamos la deriva tranquila de la intimidad, una mezcla de silencio y efervescencia. Conocemos pocas verdades, pero conocemos esa, la del amor. Recordamos cómo circulaban las palabras, los gestos, recordamos tal o cual gesto. Ya es mucho. Avanzamos por el recuerdo como un soldado por el barro, con cuidado, con miedo. Y para empezar, necesitamos que la lengua se desdibuje, se debilite, a través del eco tenue de ese "nosotros" que la vuelve útilmente obtusa, necesitamos ese sesgo, el "yo" a veces es tan incisivo, tan pródigo en astucias, pero no, ahí nos equivocamos, lo que nos inquieta es que el "yo" se emocione demasiado, esa emoción da miedo, necesitamos calma, y además el "yo" vendrá solo, por así decirlo, sin pensarlo, por así decirlo, en cualquier caso pronto, y vamos a dejarlo venir, pero para empezar necesitamos cierta indiferenciación, necesitamos sobre todo abrir en la escritura un camino tangencial a la vida, una vida que hoy solo puede recurrir a las palabras para encontrarte de nuevo.


Principio de "En busca del cielo"