como el agua de los ríos primordiales,
brota en la espesa noche y cae al alma
y cae al corazón.
Tu leve gesto
desde el fondo del libro alza su vuelo,
y es como si un paréntesis se abriera
en la africana tarde silenciosa.
Con los zapatos llenos de agujeros
te veo atravesando la llanura
o las rosadas calles de Nairobi
alta de luz y frágil como un ciervo.
Hermosa y digna vas tocando puertas,
dulce reina arruinada y pesarosa.
En la página se oye tu suspiro
y tu infinito amor triza la noche,
llega hasta mí,
restaña mis heridas.
De "Nadie en casa"