De su forma
de entrar a media tarde con su frufrú de seda
y sus buenos modales.
O de cómo nos hiere con su lluvia de arena
cuando nacemos otra vez al día
y recordamos
que ahora somos islas a las que nadie llega.
(La tristeza,
tan distinta al dolor, que es como un golpe
de espuela sobre un cuerpo
desnudo, despojado).
Nos parece que arropa, la tristeza,
pero es porque nos hace niños viejos,
a la vez inocentes y nostálgicos.
Alguien canta a lo lejos, en el mundo de antes.
Y del canto prendida nos llega la tristeza,
blanda, sorda y espesa
como lava
cargada de cadáveres de pájaros.
De "Los hombres de mi vida"
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