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5.12.20

Joan Didion. Para que conste en acta, soy yo quien habla

Para que conste en acta, soy yo quien habla.
Ya me conocéis, o creéis conocerme.
La autora no del todo omnisciente.
Que ya no se mueve deprisa.
Ya no viaja sin equipaje.
Cuando en 1994 decidí contar por fin esta historia, registrar los indicios que se me habían pasado por alto diez años atrás, procesar la información antes de que desapareciera del todo, me planteé reinventarme en forma de comisionada de asuntos públicos en la embajada en cuestión, de funcionaria de carrera del servicio diplomático operando bajo el paraguas de la USICA. "Lilianne Owen" era mi nombre en aquel constructo, una estrategia que terminé abandonando por resultarme limitadora y reduccionista, un artificio sin objetivo. "Me lo contó más tarde", habría tenido que estar diciendo todo el tiempo Lilianne Owen, y "Me enteré después de que pasara". En calidad de Lilianne Owen me resultaba poco convincente incluso a mí misma. En calidad de Lilianne Owen no os podría haber contado ni la mitad de lo que sabía.
Mi intención era poner las cartas sobre la mesa.
Mi intención era traeros mi equipaje personal y abrirlo delante de vosotros.
Cuando oí por primera vez esta historia, hubo elementos que me parecieron cuestionables, detalles de los que no me fie. Los datos de la vida de Elena McMahon no terminaban de concordar entre sí. Les faltaba coherencia. Se echaban de menos conexiones lógicas, de causa y efecto. Yo quería que esas conexiones se materializaran ante vosotros igual que se terminaron materializando ante mí. La mejor historia que llegué a contar era un reconfortante sueño tropical. Esto es algo distinto.

La primera vez que Treat Morrison vio a Elena McMahon la vio sentada sola en la cafetería del hotel Intercon.


De "Su último deseo"
    

28.9.19

Joan Didion. Su último deseo

Últimamente han pasado cosas reales. Durante una temporada nos sentimos ricos y luego ya no. Durante una temporada creímos que el tiempo era dinero, que si encontrabas el tiempo también encontrabas el dinero. Podías ganar dinero, por ejemplo, volando en el Concorde. Moviéndote deprisa. Alquilar una suite grande, los teléfonos multilínea, pedir servicio de habitaciones por una línea, pedir al aparcacoches por la otra, servicio Premium, salida las nueve y volver a la una. Descargar todos los datos. Abrir enlace con Praga, poner unas cuantas conferencias. Vender Allied Signal, comprar Cypress Minerals, hacer las jugadas directivas necesarias. Enchufarse a este ciclo de noticias, ir directamente a los teletipos, concentrarse en dejar fuera el ruido. "Pásame audio -estaba diciendo siempre alguien en aquel estado enchufado nuestro-. Esta historia la está moviendo Agence Presse." En alguna parte del estado enchufado estábamos perdiendo cargamento. En alguna parte del estado enchufado estábamos perdiendo infraestructura, perdiendo sistemas redundantes, perdiendo gravedad específica. Por entonces la ingravidez parecía el modo más seguro. Por entonces la ingravidez parecía el modo en el que podíamos derrotar simultáneamente al reloj y a sus efectos, pero ahora veo que no lo era. Ahora veo que el reloj estaba haciendo tictac. Ahora veo que no estábamos experimentando ingravidez sino el interesante fenómeno que en la página 1.513 del Manual Médico Merck (15.ª edición) se denomina depresión reactiva sostenida, una reacción de dolor emocional al hecho de abandonar un entorno familiar. Y ahora veo que el entorno que estábamos abandonando era la sensación de ser ricos. Ahora veo que el Fondo de Cancelaciones no va a venir a liquidar esta quiebra por impago, pero entonces no lo veía.


Principio de "Su último deseo"