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23.3.24

Wislawa Szymborska. Despedida de un paisaje

No le reprocho a la primavera
que llegue de nuevo.
No me quejo de que cumpla
como todos los años
con sus obligaciones.
   
Comprendo que mi tristeza
no frenará la hierba. 
Si los tallos vacilan  
será sólo por el viento.
   
No me causa dolor
que los sotos de alisos
recuperen su murmullo.
   
Me doy por enterada 
de que, como si vivieras,
la orilla de cierto lago
es tan bella como era.
   
No le guardo rencor
a la vista por la vista
de una bahía deslumbrante.
   
Puedo incluso imaginarme
que otros, no nosotros,
estén sentados ahora mismo
sobre el abedul derribado.
   
Supongo incluso
que los une el amor
y que él la abraza a ella
con brazos llenos de vida.
   
Algo nuevo, como un trino,
comienza a gorgotear entre los juncos.
Sinceramente les deseo
que lo escuchen.
   
No exijo ningún cambio
de las olas a la orilla,
ligeras o perezosas,
pero nunca obedientes.
Nunca le pido
a las aguas junto al bosque,
a veces esmeralda,
a veces zafiro,
a veces negras.
   
Una cosa no acepto.
Volver a ese lugar.
Renuncio al privilegio
de la presencia.
Te he sobrevivido suficiente
y sólo lo suficiente
como para recordar desde lejos.


De "Fin y principio"
En "Poesía no completa"
    

30.8.23

Wislawa Szymborska. La realidad

La realidad no se esfuma 
como se esfuman los sueños.
Ni ruidos ni timbres
la dispersan, 
ni gritos ni estruendos
la interrumpen.
   
Las escenas en los sueños
son equívocas y ambiguas, 
lo que se puede explicar
de muy distintas maneras.
Lo real representa lo real,
por eso es mayor su misterio.
   
Para los sueños hay llaves.
La realidad se abre sola
y no se deja cerrar.
Por el resquicio se asoman
certificados y estrellas,
se derraman mariposas
y almas de viejas planchas,
gorros sin sus cabezas
y los cráneos de las nubes.
De esto surge un acertijo
que no tiene solución. 
Sin nosotros no habría sueños.
Aquel sin quien no habría realidad
no es conocido,
y el producto de su insomnio 
se contagia a todo
el que despierta.
   
No deliran los sueños,
delira la realidad,
aunque sea por la insistencia
con que se aferra 
al suceder de los hechos.
   
En los sueños aún vive
nuestro difunto reciente,
goza de buena salud,
se ve incluso más joven.
La realidad tiende ante nosotros
su cuerpo sin vida.
No retrocede ni un paso.
   
Los sueños son tan ligeros
que la memoria se los quita de encima fácilmente. 
La realidad no tiene que temerle al olvido.
Es un hueso duro de roer.
Nos trae de cabeza,
nos pesa en el alma,
se nos enreda en los pies.
   
No hay escapatoria,
la realidad nos acompaña en cada huida.
Y no hay una estación 
de nuestro itinerario
en la que no nos espere.


De "Fin y principio"
En "Poesía no completa"
    

1.2.20

Wislawa Szymborska. Epitafio

Aquí yace, como la coma anticuada,
la autora de algunos versos. Descanso eterno
tuvo a bien darle la tierra, a pesar de que la muerta
con los grupos literarios no se hablaba.
Aunque tampoco en su tumba encontró nada
mejor que una lechuza, jacintos y este treno.
Transeúnte, quita a tu electrónico cerebro la cubierta
y piensa un poco en el destino de Wislawa.
 
 
De "Poesía no completa"
   

2.7.17

Wislawa Szymborska. Balada

Ésta es la balada de una muerta
que de repente se alzó de la silla.

Compuesta con buena voluntad,
escrita en el papel.

Con las ventanas descubiertas
todo ocurrió a la luz de una lámpara.

Todo el que quiso pudo verlo.

Cuando se cerró la puerta
y el asesino huyó por la escalera,
ella se levantó como los vivos
que el repentino silencio despierta.

Se levantó, mueve la cabeza,
y con unos ojos duros como un anillo
mira por los rincones.

No se eleva en el aire,
anda por el simple suelo
por las crujientes tablas.

Todas las huellas del asesino
las quema en un fuego. Hasta los restos
de la fotografía, hasta los residuos
de los cordones en el fondo del cajón.

No está asfixiada.
No está tiroteada.
Ha sufrido una muerte invisible.

Puede dar signos de vida,
llorar por distintos y pequeños motivos,
gritar incluso de pánico
al ver un ratón.
                         Tantas
son las debilidades y ridiculeces
fáciles de imitar.

Se ha levantado, como se levanta uno.

Anda, como se anda.

Incluso canta peinándose el cabello
que crece.


De "Poesía no completa"
      

2.7.16

Wislawa Szymborska. La estación de ferrocarril

Mi no llegada a la ciudad de N
tuvo lugar puntualmente.

Fuiste avisado
con una carta no enviada.

Lograste no llegar
a la hora prevista.

El tren llegó al andén número tres.
Bajó mucha gente.

Entre la muchedumbre se dirigió a la salida
la ausencia de mi persona.

Varias mujeres me sustituyeron
rápidamente
en aquella prisa.

A una de ellas se acercó corriendo 
alguien desconocido para mí,

pero ella lo reconoció 
al instante.

Ambos intercambiaron 
un beso no nuestro,
durante el cual se perdió 
no mi maleta.

La estación de la ciudad de N
pasó bien el examen
de la existencia objetiva.

La totalidad estaba en su lugar.
Los detalles se movían
por las vías marcadas.

Tuvo lugar incluso
la cita acordada.

Fuera del alcance 
de nuestra presencia.

En el paraíso perdido
de la probabilidad.

En otra parte.
En otra parte.
Como suenan estas palabras.



De "Poesía no completa"

3.1.16

Wislawa Szymborska. Natulareza muerta con globo

En lugar de que vuelvan los recuerdos
en el instante de la muerte
solicito el regreso
de las cosas perdidas.

Por las puertas y ventanas: los paraguas,
la maleta, los guantes, el abrigo,
para poder decir:
qué me importa todo eso.

Alfileres, este peine, aquél,
la rosa de papel, la cuerda, el cuchillo,
para poder decir;
nada de eso echo de menos.

Dondequiera que estés, llave,
trata de llegar a tiempo,
para poder decir;
la herrumbre, querida, la herrumbre.

Descenderá una nube de constancias,
de pases, de expedientes,
para poder decir:
el sol se pone.

Reloj, fluye desde el río,
deja que te tome en mi mano,
para poder decir:
finges la hora.

Aparecerá también el globo
secuestrado por el viento,
para poder decir:
aquí no hay niños.

Vuela por la ventana abierta,
vuela por el amplio mundo,
que alguien exclame: Ay!
para poder llorar.


   

28.9.15

Wislawa Szymborska. Antes nos sabíamos el mundo al azar...

Antes nos sabíamos el mundo al azar:
era tan pequeño que cabía en un apretón de manos,
tan fácil que se podía describir con una sonrisa,
tan común como en una plegaria el eco de las viejas verdades.

La historia nos saludaba con fanfarrias victoriosas:
en nuestros ojos entraba arena sucia.
Teníamos por delante caminos lejanos y ciegos,
pozos contaminados, pan amargo.

Nuestro botín de guerra es el conocimiento del mundo:
es tan grande que cabe en un apretón de manos,
tan difícil que se puede describir con una sonrisa,
tan extraño como en una plegaria el eco de las viejas verdades.




De "Poesía no completa"

2.5.15

Wislawa Szymborska. Comedietas

Si existen los ángeles
no creo que lean
nuestras novelas
sobre ilusiones perdidas.

Me temo -por desgracia-
que tampoco nuestros versos
quejándonos del mundo.

Los espasmos y los gritos
de nuestras obras teatrales
deben -sospecho-
de impacientarlos.

Al fin de su jornada
angelical, o sea inhumana,
ven sobre todo
nuestras comedias
de la época del cine mudo.

Más que a los lamentadores,
rasgado res de vestiduras,
y rechinado res de dientes,
valoran -según creo-
a ese infeliz
que pesca de la peluca al que se ahoga
o que por hambre se deleita
con sus propias agujetas.

De la cintura hacia arriba, pechera y aspiraciones,
más abajo, un ratón aterrado
en las piernas del pantalón.
Eso sí
que debe hacerles mucha gracia.

En una persecución en círculo
el que persigue se convierte en perseguido.
La luz en el túnel
resulta ser el ojo de un tigre.
Cien catástrofes
son cien divertidas cabriolas
al borde de cien precipicios.

Si existen los ángeles .
debería -espero-
llegar a convencerlos
esa hilaridad que se alimenta del espanto,
sin siquiera gritar ¡socorro!,
porque todo sucede en silencio.

Me atrevo a suponer
que aplauden con las alas
y de sus ojos brotan lágrimas
cuando menos de risa.


De "Poesía no completa"

5.4.15

Wislawa Szymborska. Si acaso

Podía ocurrir.
Tenía que ocurrir.
Ocurrió antes. Después.
Más cerca. Más lejos.
Ocurrió; no a ti.

Te salvaste porque fuiste el primero.
Te salvaste porque fuiste el último.
Porque estabas solo. Porque la gente.
Porque a la izquierda. Porque a la derecha. 
Porque llovía. Porque había sombra.
Porque hacía sol.

Por fortuna había allí un bosque.
Por fortuna no había árboles.
Por fortuna una vía, un gancho, una viga, un freno,
un marco, una curva, un milímetro, un segundo.
Por fortuna una cuchilla nadaba en el agua.

Debido a, ya que, y en cambio, a pesar de.
Qué hubiera ocurrido si la mano, el pie,
por casualidad.

Ah, estás? Directamente de un momento todavía entreabierto?
La red tenía un solo punto, y tú a través de ese punto?
No dejo de asombrarme, de quedarme sin habla.
Escucha
cuán rápido me late tu corazón.



De "Poesía no completa"

1.2.15

Wislawa Szymborska. Bajo una pequeña estrella

Que me disculpe la coincidencia por llamarla necesidad.
Que me disculpe la necesidad, si a pesar de ello me equivoco.
Que no se enoje la felicidad por considerarla mía.
Que me olviden los muertos que apenas si brillan en la memoria.
Que me disculpe el tiempo por el mucho mundo pasado
      por alto a cada segundo.
Que me disculpe mi viejo amor por considerar al nuevo
      el primero.
Perdonadme, guerras lejanas, por traer flores a casa.
Perdonadme, heridas abiertas, por pincharme en el dedo.
Que me disculpen los que claman desde el abismo el disco
      de un minué.
Que me disculpe la gente en las estaciones por el sueño
      a las cinco de la mañana.
Perdóname, esperanza acosada, por reírme a veces.
Perdonadme, desiertos, por no correr con una cuchara de agua.
Y tú, gavilán, hace años el mismo, en esta misma jaula,
inmóvil mirando fijamente el mismo punto siempre,
absuélveme, aunque fueras un ave disecada.
Que me disculpe el árbol talado por las cuatro patas de la mesa.
Que me disculpen las grandes preguntas por las pequeñas
      respuestas.
Verdad, no me prestes demasiada atención.
Solemnidad, sé magnánima conmigo.
Soporta, misterio de la existencia, que arranque hilos de tu cola.
No me acuses, alma, de poseerte pocas veces.
Que me perdone todo por no poder estar en todas partes.
Que me perdonen todos por no saber ser cada uno de ellos,
      cada una de ellas.
Sé que mientras viva nada me justifica
porque yo misma me lo impido.
Habla, no me tomes a mal que tome prestadas palabras patéticas
y que me esfuerce después para que parezcan ligeras.


De "Poesía no completa"

1.6.14

Wislawa Szymborska. A mi corazón el domingo

Gracias te doy corazón mío,
por no quejarte, por ir y venir
sin premios, sin halagos,
por diligencia innata.

Tienes setenta merecimientos por minuto.
Cada una de tus sístoles
es como empujar una barca
hacia alta mar
en un viaje alrededor del mundo.

Gracias te doy corazón mío,
porque una y otra vez
me extraes del todo,
y sigo separada hasta en el sueño.

Cuidas de que no me sueñe al vuelo,
y hasta el extremo de tu vuelo
para el que no se necesitan alas.

Gracias te doy corazón mío,
por haberme despertado de nuevo,
y aunque es domingo,
día de descanso,
bajo mis costillas 
continua el movimiento de un día laboral.



De "Poesía no completa"

9.4.14

Wislawa Szymborska. La realidad

La realidad no se esfuma
como se esfuman los sueños.
Ni ruidos ni timbres
la dispersan,
ni gritos ni estruendos
la interrumpen.

Las escenas en los sueños
son equívocas y ambiguas,
lo que se puede explicar
de muy distintas maneras.
Lo real representa lo real,
por eso es mayor su misterio.

Para los sueños hay llaves.
La realidad se abre sola
y no se deja cerrar.
Por el resquicio se asoman
certificados y estrellas,
se derraman mariposas
y almas de viejas planchas
gorros sin sus cabezas
y los cráneos de las nubes.
De esto surge un acertijo
que no tiene solución.
Sin nosotros no habría sueños.
Aquel sin quien no habría realidad
no es conocido,
y el producto de su insomnio
se contagia a todo
el que despierta.

No deliran los sueños
delira la realidad
aunque sea por insistencia
con que se aferra
al suceder de los hechos.

En los sueños aún vive
nuestro difunto reciente,
goza de buena salud,
se ve incluso más joven.
La realidad tiende ante nosotros
su cuerpo sin vida.
No retrocede ni un paso.

Los sueños son tan ligeros
que la memoria se los quita de encima fácilmente.
La realidad no tiene que temerle al olvido.
Es un hueso duro de roer.
Nos trae de cabeza,
nos pesa en el alma,
se nos enreda en los pies.

No hay escapatoria,
la realidad nos acompaña en cada huida.
Y no hay una estación
de nuestro itinerario
en la que no nos espere.



De "Poesía no completa"