27.8.26

Piedad Bonnett. A Isak Dinesen

Tu voz, honda y serena, transparente
como el agua de los ríos primordiales,
brota en la espesa noche y cae al alma
y cae al corazón. 
Tu leve gesto
desde el fondo del libro alza su vuelo,
y es como si un paréntesis se abriera
en la africana tarde silenciosa.
Con los zapatos llenos de agujeros
te veo atravesando la llanura 
o las rosadas calles de Nairobi
alta de luz y frágil como un ciervo. 
Hermosa y digna vas tocando puertas,
dulce reina arruinada y pesarosa.
En la página se oye tu suspiro
y tu infinito amor triza la noche,
llega hasta mí, 
restaña mis heridas.


De "Nadie en casa"
   

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