Domingo por la tarde. Estoy en mi casa, en París, y un barco navega por mi salón. «Dentro de un rato tendremos cincuenta y cinco muertos», reza el mensaje de WhatsApp.
Son las 16:36 del 16 de enero de 2022. Hay un barco en peligro entre Marruecos y Canarias. Abro por primera vez la puerta de la mimultaneidad, del tiempo que transcurre aquí y en el Atlántico. La embarcación zarpó de Tarfaya a medianoche con cincuenta y cinco pasajeros a bordo. La Marina marroquí recibió un aviso a las cuatro de la madrugada; han pasado más de doce horas desde entonces y acaban de salir al mar para proceder al rescate.
Nuevo mensaje: «La Marina marroquí no los localiza».
Luego otro, a las ocho de la noche: «10 supervivientes. 2 cadáveres. Los demás han desaparecido». Es el primer naufragio al que asisto en directo.
Principio de "Los vigías"
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