Era verano cuando el director del periódico me preguntó si quería dar una vuelta por el mundo parándome sobretodo en Oriente. Naturalmente, me explicó, había que esperar a que la estación de las Grandes Lluvias hubiese acabado: en resumen habría debido de partir en invierno. La expresión Grandes Lluvias tiene siempre su efecto, un poco como decir "el duque de Norfolk me ha contado..." o "no sé si conoces aquel restaurante en la calle Cechov en Leningrado...". Incluso un periodista acostumbrado a quedarse en países lejanos y privado de cualquier ilusión sobre la excepcionalidad de ciertos viajes acaba por quedar impresionado, e interesarse. «Por qué no?» respondí. «Qué tendría que hacer en Oriente?» Tendría que hacer, añadió él, un reportaje sobre las mujeres. Y en este punto la expresión Grandes Lluvias perdió todo su efecto.
En la medida de mis posibilidades, evito siempre escribir sobre las mujeres o sobre los problemas de las mujeres. No sé porqué es algo que me disgusta, me parece ridícula. Las mujeres no son una fauna especial y no entiendo porque razón deben constituir, especialmente en los periódicos, un argumento a parte: como el deporte, la política o el parte meteorológico. El padreterno fabricó hombres y mujeres para que estuvieran juntos, y desde el momento en que eso puede ser muy placentero, que digan ciertos desviacionistas, tratar a las mujeres como si viviesen en otro planeta donde se reproducen por partogénesis me parece que no tiene sentido.
Principio de "Il sesso inutile"
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