28.1.26

Sylva Fischerová. Columpio en las profundidades del caos

A veces se aparecen los muertos. Más afables 
      que los demonios,
repiten que nos aman
mezclan un guiso aguado
momentos que están y no están. 
Dicen que no debo
caminar hasta el final, donde vive
el mundo sin acabar, apedreando 
        cada segundo...
Donde el camino es una estatua de un camino,
hecha de sueños y de mostaza y de lágrimas. 
De donde se derraman
casitas categorizadas,
una breve conexión de metáfora, ojos como compases 
      en un túnel hacia el vacío 
            palabras!
   
Un niño se balancea en un columpio 
en medio del caos.
El caos es blanco, dorado bermellón, 
azul como una habitación con una cuna en medio,
habitación de un muerto.
Un niño se balancea en un columpio y mira
con atención. Enseguida se levanta
y se va
a comer a la cocina.
   
En la cocina hay pan con mantequilla
  y mostaza.
Ahí vive la infancia.
No soy yo. Otra persona 
iba a la nevera
a comer caviar. Infancia: oruga y mariposa,
unidas únicamente 
      por la información;
eso es un detalle, rey del Imperio de la Memoria;
el detalle conlleva dolor.
Madre, somos nosotros
los que nos aparecemos a los muertos,
apedreamos cada segundo, somos
estatuas de mostaza, de otra manera
no podemos vivir.


En "De sombra y terciopelo. Diecisiete poetas checas (1963-1988)"
    

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