5.9.26

Kateřina Tučková. El legado de las diosas

No consigue ver bien el interior. Se pone de puntillas y pega la nariz al cristal para mirar por encima de la cortina, que cuelga desde la mitad de la ventana. Entre los exuberantes geranios, que otras veces se inclinan hacia fuera, y que hoy, por un motivo incomprensible, está pegados a los cristales, no distingue más que oscuridad. Pero casi siempre es así. Con esos ventanucos, la luz sólo entra en la casa en los días despejados.


Principio de "El legado de las diosas"
    

4.9.26

Norah Ephron sobre una frase de Gloria Steinem

Hace muchos años, cuando Gloria Steinem cumplió los cuarenta, alguien le dijo que parecía jovencísima, y ella contestó: "Aparento cuarenta". Era una frase genial, y me gustaría haberla dicho yo. 


De "No me gusta mi cuello"
   

3.9.26

M. F. K. Fisher. En la frontera

En cuestión de comida, casi todo el mundo tiene un gusto secreto. Por lo general es una inclinación claramente furtiva, y solo se menciona con una especie de diversión autocrítica, como cuando se dice: «Es muy raro, sí, también a mí me hace gracia».
Recordáis cómo Claudine se agachaba ante el fuego y hacía girar una horquilla lo suficientemente rápido para que el trocito de chocolate que estaba tostando no goteara?


De "Sírvase de inmediato"
En el libro "El arte de comer"
   

2.9.26

Eve Babitz sobre M. F. K. Fisher

 M. F. K. Fisher está convirtiéndose en mi escritora favorita, por encima incluso de Colette. Una vez le escribí una carta de admiradora y le dije que era como Proust pero mejor porque al menos ella daba las recetas. Me contestó que suponía que algún día alguien haría una tesis doctoral sobre las magdalenas.


De "El otro Hollywood"

    

1.9.26

Nella Larsen. Claroscuro

Aquella era la última del delgado montón de cartas que componían el correo matinal de Irene Redfield. Después de las otras, corrientes y dirigidas con claridad, el sobre largo de fino papel italiano con su garabateado casi ilegible resultaba exótico y fuera de lugar. Tenía, además, algo misterioso y hasta cierto punto furtivo; era un objeto sutil y artero, sin un remite que delatara al que la enviaba. Y no es que Irene no adivinara en el acto de quién se trataba. Unos dos años antes había recibido otra carta muy parecida en su aspecto exterior, furtiva y, sin embargo, de una forma peculiar y deliberada, un poco ostentosa por su tinta morada y su papel extranjero de tamaño extraordinario.


Principio de "Claroscuro"
    

31.8.26

Noni Benegas cita a Marina Tsvietáieva

y en la noche oscura
nada se cierne más oscuro sobre nosotros
que nuestros propios ojos
Marina Tsvetaeva 



Cita en el libro "Falla la noche"
    

30.8.26

Isak Dinesen. La temporada en Copenhague

Así era el mundo: no había lugar en él para quien quisiera llorar. Los que quisieran comer o beber encontrarían, no lejos de allí, un lugar en el que comer y beber. Los que desearan bailar encontrarían, ella lo sabía, un lugar no muy lejano donde bailar. Los que quisieran comprarse un sombrero nuevo encontrarían, por lo menos mañana por la mañana cuando abrieran las tiendas, un lugar donde comprarlo. Pero en todo Copenhague no había un solo sitio en el que un ser humano pudiese llorar. Este hecho -cuando se percató de él- significaba la muerte para ella. Porque si no podía llorar, se moriría. 


De "La temporada en Copenhague"
uno de los "Últimos cuentos"
En "Cuentos reunidos"
   

29.8.26

Saša Vegri. Perdón

PERDÓN 
PORQUE NUESTRA CASA no se eleva hacia el cielo
Y las fachadas no sonríen 
CUANDO LO deseás 
PERDÓN 
PORQUE TU pollera roja se estira
PORQUE SE encogen los jeans 
Y TU CAMPERA no es un camaleón que cambia de color 
PERDÓN 
PORQUE ALGÚN DÍA ES jueves y no sábado 
PORQUE casi todos los domingos llueve
PERDÓN 
PORQUE EL BAÑO ESTÁ siempre ocupado
PORQUE HAY paredes en nuestro departamento 
Y NO SOLO espejos 
PERDÓN 
PORQUE DEBO ordenar los cajones
PRECISAMENTE AHORA
CUANDO identificaste los sistemas galácticos


De "Ofelia y el triple giro"
En "Desayuno en el regazo ordenado"


28.8.26

Rita Dove. Eurídice, volviéndose

Todas las tardes llamo a casa y contesta mi hermano.
Todas las tardes mi consabida cháchara, su incurable ánimo;
hasta que él gira; se acerca, más alto:
   
"Es tu hija, Mamá! Quieres saludar
a Rita?" Mi sorpresa cada vez
que él pregunta, que cree en preguntar.
   
"Hola, Rita" Un buen día, pues;
la voz tan dulce como la recuerdo.
Cierro los ojos para disfrutarlo
   
pero no necesito la oscuridad para verla
más joven que mi hija ahora,
con cintura de avispa, con su raso coralino cosido en casa
   
y todas las canciones de su época por bailar.
Con razón Orfeo, al escuchar
la voz por la que había tocado la lira
   
en la única estación de su vida que importaba,
no podía creer que ella fuera nada
sino lo que había sido siempre para él, para él...
   
Silencio, aire libre. Sé lo que va a venir,
espero a que mi hermano diga "Venga, ahora 
a decir adiós, Mamá", y que ella responda, como un loro:
   
"Adiós, Mamá."
Ese lúcido y espantoso canto.
Vuelvo a dejarme caer en trance
   
y sigo hablando: el tiempo, el cotilleo, las noticias.


De "Canciones para el apocalipsis"
    

27.8.26

Piedad Bonnett. A Isak Dinesen

Tu voz, honda y serena, transparente
como el agua de los ríos primordiales,
brota en la espesa noche y cae al alma
y cae al corazón. 
Tu leve gesto
desde el fondo del libro alza su vuelo,
y es como si un paréntesis se abriera
en la africana tarde silenciosa.
Con los zapatos llenos de agujeros
te veo atravesando la llanura 
o las rosadas calles de Nairobi
alta de luz y frágil como un ciervo. 
Hermosa y digna vas tocando puertas,
dulce reina arruinada y pesarosa.
En la página se oye tu suspiro
y tu infinito amor triza la noche,
llega hasta mí, 
restaña mis heridas.


De "Nadie en casa"