18.4.26

May Sarton. Final de partida. Diario a los setenta y nueve

Siempre imaginé un diario que me llevara a recorrer los setenta y ocho años para, al final, enlazar con el inicio de mis ochenta. Imaginaba un diario filosófico que lidiara con alegrías y problemas, puertas que la vejez abría a las sorpresas y los esfuerzos inesperados, y aguardaba, para ese año, una cosecha muy fructífera.
Nunca sospeché que, en lugar de eso, tendría que luchar contra el dolor constante y la creciente fragilidad. Perdí más de veinte kilos, no podía hacer nada en el jardín y a principios de septiembre, el Día del Trabajo, tuve que dejar de escribir a máquina. Me convencí de que en un mes o dos me recuperaría, pero a finales de marzo no me quedó más remedio que asumir la posibilidad de que la mejoría nunca llegara. No parecía haber futuro para mí. 


Principio del prólogo de "Final de partida. Diario a los setenta y nueve"
    



17.4.26

Piedad Bonnett. De la tristeza

Es pertinente hablar de la tristeza.
De su forma
de entrar a media tarde con su frufrú de seda
y sus buenos modales.
O de cómo nos hiere con su lluvia de arena
cuando nacemos otra vez al día
y recordamos 
que ahora somos islas a las que nadie llega.
   
(La tristeza,
tan distinta al dolor, que es como un golpe
de espuela sobre un cuerpo
desnudo, despojado).
  
Nos parece que arropa, la tristeza,
pero es porque nos hace niños viejos,
a la vez inocentes y nostálgicos. 
  
Alguien canta a lo lejos, en el mundo de antes.
Y del canto prendida nos llega la tristeza,
blanda, sorda y espesa
como lava
cargada de cadáveres de pájaros.


De "Los hombres de mi vida"
    

16.4.26

Mari Trini. Nostalgia

Llena de amor
loca de cordura.
Insomnios de ensueño
dañinos e inquietos
Aún dudas?


De "Poesía crónica"
    

15.4.26

Maya Angelou. Solos

Tumbada, pensando
la pasada noche
cómo encontrar un refugio a mi alma
donde el agua no esté sedienta
y el pan no sea una piedra
se me ocurrió una cosa
y no creo que esté equivocada,
que nadie,
absolutamente nadie
puede sobrevivir aquí solo.
  
Solo, completamente solo,
nadie, absolutamente nadie
puede sobrevivir aquí solo.
  
Hay algunos millonarios 
con dinero que ni podrán gastar
sus esposas deambulan como lloronas
sus hijos cantan blues
tienen médicos caros 
para curar sus corazones de piedra.
Pero nadie
absolutamente nadie
puede sobrevivir aquí solo.
  
Solo, completamente solo,
nadie, absolutamente nadie
puede sobrevivir aquí solo.
  
Ahora, si escuchas atento,
te diré lo que sé, 
se están agrupando nubes de tormenta
el viento va a soplar 
la raza del hombre está sufriendo
y yo no puedo escuchar el llanto,
porque nadie,
absolutamente nadie,
puede sobrevivir aquí solo.
   
Solo, completamente solo,
nadie, absolutamente nadie
puede sobrevivir aquí solo.


De "Ojalá mis alas vayan a encajarme bien"
En "Poesía completa"
   

14.4.26

Maeve Brennan. La vista desde la cocina

Herbert's Retreat es una hospitalaria comunidad de unas cuarenta casas agrupadas en la orilla este del Hudson, a algo más de cuarenta y ocho kilómetros al norte de Nueva York. algunas de las casas son pequeñas y algunas, de tamaño mediano. No hay dos iguales y, dado que están separadas por árboles, setos, cercas de madera o vestigios desprolijos de antiguos bosques, y debido a los caprichos del terreno, todas parecen estar a diferentes niveles. Algunas de las casas, por cierto, se elevan mucho más altas que otras, porque, desde la carretera, se pueden vislumbrar algunos techos y, en invierno, cuando los árboles están pelados, los automovilistas que pasan ocasionalmente alcanzan a ver un tramo de pared, pero, fuera de eso, la comunidad está aislada. Una de las características que tienen en común todas las casas: todas miran al río. Esto no significa que todas den al río. 


Principio de "La vista desde la cocina"
el primer relato del libro "El jardín de rosas"
   

13.4.26

Mary Oliver. Por qué me levanto temprano

Hola, sol en mi cara.
Hola, tú que haces la mañana
y la extiendes sobre los campos
y en los rostros de los tulipanes
y en las oscilantes glorias matutinas,
y en las ventanas de, incluso, lo
miserable y malhumorado;
   
el mejor predicador del mundo,
querido astro, que tan solo resulta
estar donde estás en el universo
para guardarnos de la eterna tiniebla,
para aliviarnos con caluroso tacto,
para tenernos en las grandes manos de la luz,
buenos días, buenos días, buenos días.
   
Mira, ahora, cómo empiezo el día
con felicidad, con merced.


De "Por qué me levanto temprano"
En "Devociones"
    

12.4.26

Anna Beata Háblová. Be my love

La ropa desordenada por los armarios 
en relaciones inextricables 
Un corpulento jersey observando
a una pareja de amantes calcetines 
que se miden uno a otro
Las camisetas abandonan
sin rechistar las inscripciones planchadas
be my love
  
Por la ventana irrumpe una franja de inmovilidad arremolinada
desciende sobre todo lo que está inconcluso y mudamente
abandonado 


En "De sombra y terciopelo. Diecisiete poetas checas (1963-1988)"
    

11.4.26

Lin Huiyin. Eres los días de abril en el mundo

Una alabanza de amor

Digo que eres los días abril en el mundo,
la risa que ilumina al viento en todas las direcciones, el alma ligera
que danza cambiante en medio de la bella luz primaveral.
  
  
Eres una nube fugaz en las mañanas de abril,
un suave viento que sopla al atardecer, las estrellas
que brillan sin intención, la llovizna que rocía las flores.
  
  
Esa suavidad, esa elegancia que tienes, con  la corona
de frescas y bellas flores que llevas. Eres
inocente, solemne, eres la luna llena de cada noche.
  
  
Te asemejas al pálido amarillo de la nieve tras derretirse.
Eres el primer brote verde nacido, eres alegre y tierno
como la luz del agua fluctuando con el loto blanco de tus sueños.
  
  
Eres los árboles que, uno a uno, florecen; eres la golondrina
que gorjea entre las vigas; eres el amor, la calidez,
la esperanza, eres los días de abril en el mundo!


De "Eres los días de abril en el mundo"
    

10.4.26

Eve Babitz. Días lentos, malas compañías

Esta es una historia de amor y pido disculpas por ello; ha sido algo involuntario. Pero quiero que se entienda desde el comienzo que no tengo ninguna expectativa de que acabe bien. Aquí no encontrarán un «aunque sea una cínica y esté harta del mundo, Sam y yo hemos dado con la clave que sólo nosotros podemos conocer y que usted sólo puede descubrir metiendo la nariz en este libro». Para empezar, porque eso da mala suerte. Conozco a cierta señora a la que, después de forrarse escribiendo sobre su edificante redención a través del enamoramiento, se le escapó su amado durante la gira promocional de la edición de bolsillo y nunca más volvió a saber de él. Si el solo hecho de dejar saber que estás feliz, aunque lo susurres muy bajito, trae mala suerte, hay que sumarle que no es de buen gusto.


Principio de "Días lentos, malas compañías"
    

9.4.26

Vinciane Despret. A la salud de los muertos

Georges.
Su padre fue quien lo condujo a la estación de tren.
Llegaron demasiado pronto? No me sorprendería, conociendo los hábitos de nuestra familia. Incluso me resultaría fácil imaginar un pequeño momento robado, de complicidad compartida, lejos de Bertha y de los pequeños. El padre al hijo: «Llegaremos un poco antes».
El caso es que el tren anterior se había retrasado y seguía en el andén. Puedes tomarlo, llegarás antes, parece que dijo Joseph.
Georges subió al tren. Hasta luego papá. Pórtate bien, hijo mío. Diviértete en el campamento. Cuídate. Las puertas se cerraron, el tren dejó Vilvorde hacia Bruselas.
No sé cuándo supieron la noticia, probablemente más tarde ese mismo día.
Hubo un accidente. El tren había descarrilado en la estación de Schaerbeek. Georges murió.


Principio de "A la salud de los muertos"