Cuenta Karen Blixen en Lejos de África que cuando era niña le contaban un cuento mientras trazaban un dibujo que, poco a poco, iba configurándose ante su mirada a medida que se desarrollaba la historia. Una noche, un hombre, decía la historia, se despertó por un ruido tremendo. Salió a ver qué había pasado, pero, como estaba oscuro, le ocurrió de todo. Se cayó en un estanque, tropezó, se equivocó de camino, se cayó tres veces en un foso y regresó. Al final, siguiendo todos sus pasos, la pluma había trazado sobre el papel el dibujo de una cigüeña. Y era una cigüeña que el hombre, a la mañana siguiente, divisó en cuanto se asomó a la ventana.
Así es el destino de las personas: un ir y venir cansino e insensato hasta que, al final, desvelará la imagen global, la imagen coherente de todo lo que ha sido.
Principio de "La escritora vive aquí"
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