15.8.26

Selma Lagerlöf. El anillo de los Löwensköld

Soy bien consciente de que en tiempos pretéritos abundaban las gentes que desconocían por completo el significado del miedo. He escuchado relatos acerca de innumerables personas que gustaban de caminar sobre el hielo apenas formado la víspera, o que no concebían mayor deleite que conducir coches tirados por corceles desbocados. Sí, había incluso quienes no titubeaban en jugar partidas de naipes con el corneta Ahlegard, aun sabedores de las trampas que este hacía para asegurarse siempre la victoria. Conozco también almas intrépidas que no temían emprender un viaje en viernes ni sentarse a una mesa preparada para trece comensales. Mas me pregunto si alguno de esos temerarios individuos habría osado colocarse en el dedo el terrible anillo que perteneció al viejo general Löwensköld, señor de Hedeby.
Hablamos del mismo anciano general que legó a los Löwensköld prestigio, hacienda y título nobiliario; aquel cuyo retrato, mientras en la finca quedó alguno de sus descendientes, presidió el gran salón de la planta superior de Hedeby.


Principio de "El anilo de los Löwensköld"
    

No hay comentarios: