A mediados de los años cincuenta, poco antes de la firma del llamado Tratado de Estado austriaco, que desembocó en la retirada de las potencias ocupantes aliadas y restableció la independencia de Austria, en la sección de sucesos locales de los periódicos apareció una noticia breve. Se refería a un accidente mortal ocurrido en la casa de campo de un millonario estadounidense. Una joven de la alta sociedad de aquel país, que se encontraba visitando a sus parientes austriacos, había muerto por heridas de bala al manipular un arma de forma inexperta. El arma de había disparado y había acabado con su vida. Hubo un único testigo presencial del fatídico hecho, el sacerdote jesuita Ignatius Jahoda, que pudo testificar que no hubo nadie más implicado en el episodio y que fue completamente accidental.
Principio de "El regreso de los exiliados"
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