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30.10.26

Sor Ana de Jesús. El Rey de reyes

Mirad al Rey de los reyes
que por hacernos señores
se sujeta a nuestras leyes
y se carga de dolores.
  
Quién habrá que viendo esto
en su Dios y criador,
no se deshaga a sí mismo
y tome por ocasión
negar todos sus quereres 
y dar gusto a este Señor, 
que, siendo Rey de los reyes,
le sujetó nuestro amor?
  
Sujetóse de manera 
en su nacer y morir
y en el modo de vivir, 
que no se puede imitar;
sino solo procurar
cumplir con amor sus leyes,
confesando que sin fin
es él el Rey de los reyes.


En "Las primeras poetisas en lengua castellana"
   

25.10.26

Leonor de Ovando. De la misma señora al mismo (Eugenio de Salazar) en respuesta de otro suyo

Pecho que tal concepto ha producido, 
la lengua que lo ha manifestado, 
la mano que escribió, me han declarado
que el dedo divinal os ha movido. 
  
Cómo pudiera un hombre no encendido
en el divino fuego, no abrasado, 
hacer aquel soneto celebrado
digno de ser en almas esculpido?
  
Al tiempo que lo vi quedé admirada, 
pensando si era cosa por ventura
en el sacro colegio fabricada. 
  
La pura santidad allí encerrada, 
el énfasis, primor de la escritura, 
me hizo pensar cosa no pensada. 


En "Las primeras poetisas en lengua castellana"
   

18.10.26

Isabel de Vega. Soneto de la misma señora a la muerte del emperador Carlos V

Oh, muerte!, cuánta gloria has alcanzado
triunfando del que triunfos par' no tiene;
que triunfes más que nadie no conviene, 
pues no hay plus ultra adonde has llegado. 
  
Sosiéguese de hoy más tu pecho airado, 
qu' el daño que por ti cruel nos viene
ni el nombre del que en tal dolor nos tiene, 
no temas que jamás será olvidado. 
  
Oh, César y Alejandro!, que ganaste
tan clara fama por los hechos raros
y con ellos triunfáis en el abismo. 
  
Oh, Carlos!, clara luz, que vos volaste 
al sumo cielo con triunfos claros
después de haber triunfado de vos mismo. 


En "Las primeras poetisas en lengua castellana"
   

15.10.26

Teresa de Cepeda y Ahumada. Villancico

Oh, hermosura que excedéis 
a todas las hermosuras!
Sin herir dolor hacéis 
y sin dolor deshacéis 
el amor de las criaturas.
  
Oh, ñudo, que ansí juntáis 
dos cosas tan desiguales!
No sé por qué os desatáis,
pues atado fuerza dais 
a tener por bien los males.
  
Quien no tiene ser juntáis
con el ser que no se acaba;
sin acabar, acabáis;
sin tener que amar, amáis;
engrandecéis vuestra nada.


De "Las primeras poetisas en lengua castellana"