6.1.12

Colette. Primero de año

   "Jamás olvidaré la desilusión de mis padres cuando les pedí como regalos -tendría yo entonces ocho años- un viejo y pequeño volumen titulado los doce césares, un frasquito de mercurio y una manta de viaje atada con correas. Cómo podía hacer comprender a unas personas sencillas y maduras que los doce césares no era un libro aburrido, sino un pebetero cuyas picadas páginas olían a papel viejo, un poco a manzana, un poco a la madera de tuya del armario de puertas con cristales? El mercurio, frío y vivo en el hueco de la mano, como una menuda serpiente, era para tocarlo, para verlo desmenuzarse en mil bolitas grises cuando lo aplastaba con la punta del dedo. Y la manta de viaje, si me la hubiesen regalado, no se habría separado nunca de sus correas pues era su doble cinturón de cuero lo único que significaba, para una niña que nunca había salido de su pueblo, viajes, aventuras, peligro, y todos los paises que están al otro lado de la tierra."

De "Las mil y una mañanas"
  

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