30.8.25

Ada Limón. El condicional

Digamos que mañana nunca viene.
Digamos que la luna se vuelve un pozo helado.
Digamos que el liquidámbar está petrificado.
Digamos que el sol es un fétido fuego negro de llanta.
Digamos que los ojos del búho son alfilerazos.
Digamos que el mapache es una mancha de brea caliente.
Digamos que la camisa es un vertedero de plástico.
Digamos que la cocina es un cadáver de vaca.
Digamos que nunca llegaremos a verlo: el brillante
futuro, atorado como una estrella holgazana, nunca
acercándose, nunca deslumbrando.
Digamos que nunca la conoceremos. Tampoco a él.
Digamos que gastamos nuestros últimos momentos mirándonos
el uno al otro, las manos unidas y anudadas,
agarrando al perro, mirando el cielo arder.
Digamos No importa. Digamos, Eso sería
suficiente. Digamos que tú todavía querrías esto: nosotros, vivos,
justo aquí, sintiéndonos afortunados.


De "Cosas muertas y brillantes"
    

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