-Cómo te ha ido el día?-me pregunta mi madre todos los días.
-Bien, normal-le respondo yo.
«Bien» y «normal», siempre las dos mismas palabras. Las ocasiones en las que le doy una respuesta diferente se pueden contar con los dedos de una mano. Cuando tengo que responderle otra cosa, como «fatal» o «muy bien», intento no tenerla delante.
Es muy fácil no tener a mi madre delante, porque siempre está ocupada.
Principio de "Algo que brilla como el mar"
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