Que de una pintura fiel, respetuosa de su modelo, y donde la imaginación no se reserva la menor parte, brote la poesía, es una aventura bastante rara, y maravillosa. Suele recompensar al pintor con mayor frecuencia que al escritor, para quien el éxito es menos cuestión de pensamiento que de hallazgo de palabras. En ocasiones, las palabras, llamadas, signos errantes en el aire, se dignan descender, reunirse, fijarse. Así es como parece formarse el pequeño milagro que suele llamar el huevo de oro, la pompa, la flor: una frase digna de lo que pretendió describir.
De "Flores"
En "Miscelánea"
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