Cuando la sombra domina la escena,
la incertidumbre de la espera
toquetea impertinente
mi flequillo y mis rodillas,
me impide ver lo que he logrado
y hace tambalear los pasos
que había encaminado
hacia mi anhelo.
El sol, en su vitalismo persistente,
se atreve a rozar mis ilusiones
de soslayo, noto sus rayos festivos
acercándose a mis pies,
alegrando mis pestañas...
me dejo acariciar.
Necesito que la luz
vuelva
a dominar mi escena.
De "Una vikinga en la hora mágica"
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