Me acuerdo de cuando era pequeña y me quedaba varias semanas en el pueblo con mis abuelos. Mi abuelo Rafa cazaba perdices y nos enseñaba a mi primo Diego y a mí a hacer arcos y afilar flechas. Jugábamos a ser salvajes en una tierra abandonada. Mi abuela tenía siempre el salón lleno de señoras a las que peinaba y alimentaba con rosquillas de anís. El olor a laca era insoportable. Apunté en un papel varias de sus frases típicas: "quien a ti te lo huela y a mí me lo cate, ganas tiene que tener de chocolate", "me cago en la leche que mamó un tomate", "sábado sabadete, a misa y un polvete" o "es un amigo con derecho a chifle". Cuando estaba en el pueblo, soñaba con el momento en que mi madre vendría a buscarme, con su pelo rubio de seda, su olor a casa y su sudadera gris de Fruit of the Loom. Nos fundiríamos en un abrazo y yo metería la cabeza en su sobaco. Todavía, cuando la veo, quiero achucharla y olerla pero ahora me da vergüenza y no lo hago. Mi madre me da tranquilidad y me hace sufrir a partes iguales.
Principio de "Seismil"