25.7.26

Nathalie Léger. Del Prólogo al "Diario de duelo" de Roland Barthes

Al día siguiente de la muerte de su madre, el 25 de octubre de 1977, Roland Barthes empieza un «Diario de duelo». Escribe con tinta, a veces con lápiz, sobre papeletas que él mismo prepara a partir de hojas de papel estándar cortadas en cuatro y de las que siempre conserva una reserva en su mesa de trabajo. 


Del prólogo del "Diario de duelo"
de Roland Barthes


24.7.26

Cookie Mueller. Caminar por aguas cristalinas en una piscina pintada de negro

Tenía dos amantes y no me avergonzaba. Uno era Jack. Tenía diecisiete y yo quince. La piel de su rostro estaba tan tensa sobre sus huesos que temía por su cabeza, el mismo temor empático que uno siente por la integridad de un huevo. 


Principio de "Caminar por aguas cristalinas en una piscina pintada de negro"
    

23.7.26

Maya Angelou. Rechazo

Querido,
en qué otras vidas o tierras
he conocido yo tus labios
tus manos
tu atrevida risa
irreverente. 
Esos dulces excesos que
yo adoro. 
Qué garantías hay de
que nos encontremos de nuevo, 
en otros mundos en otro
tiempo futuro sin fecha. 
Yo desafío las prisas de mi cuerpo. 
Sin la promesa
de un nuevo encuentro dulce
no me dignaré a morir. 


De "Y aun así me levanto"
En "Poesía completa"
   

22.7.26

Deborah Levy. Nadando a casa

Alpes marítimos, Francia
Julio de 1994

Una carretera de montaña. Medianoche

Cuando Kitti Finch levantó la mano del volante y le dijo que lo amaba, él ya no sabía si ella lo estaba amenazando o si estaba conversando con él. El vestido de seda le cayó por los hombros cuando se inclinó sobre el volante. Un conejo cruzó la carretera a toda velocidad y el coche dio un bandazo. Se escuchó a sí mismo decir:
–Por qué no haces la mochila y te vas a ver los campos de amapolas en Pakistán como dijiste que querías hacer?
–Sí –respondió ella. 


Principio de "Nadando a casa"
   

21.7.26

Susana Benet. También las hojas...

También las hojas
que hace sonar el viento
cuentan su historia. 


De "Buenos días, medianoche"
    

20.7.26

Auður Ava Ólafsdóttir. La verdad sobre la luz

RECIBO AL BEBÉ CUANDO NACE, LO ALZO Y LO MUESTRO AL MUNDO

Para poder morir, primero hay que nacer.
  
Ya casi es mediodía cuando por fin se rasga la noche polar y el astro de fuego despunta en el horizonte. Una franja de luz rosada, apenas más ancha que un peine de bolsillo, se cuela entre las cortinas del paritorio y se posa sobre la mujer que sufre acostada en la camilla. La futura madre levanta un brazo y, antes de dejarlo caer, abre la palma de la mano para atrapar la claridad del alba. En la piel estirada del vientre lleva tatuado medio kiwi repleto de semillas, parece cortado con un cuchillo afilado, pero ahora la tinta se ha agrietado y las letras de la inscripción que se lee debajo se han separado: T u y a p a r a s i e m p r e. Cuando el bebé nace, la fruta velluda se encoge.
Me pongo la mascarilla y la bata.
Ha llegado el momento.
La más dura de las experiencias humanas.
Nacer.
La cabeza asoma y, un instante después, sostengo el pequeño cuerpo viscoso impregnado de sangre.
Es un niño.
No sabe quién es ni quién lo ha traído al mundo. Por no saber, no sabe ni qué es el mundo.


Principio de "La verdad sobre la luz"
    

19.7.26

Fadéla Chaïm-Allami. Ella huye...

Ella huye de la opaca voracidad del Tiempo que fluye entre sus dedos,
-la hija del relojero, ladrón del Tiempo, incapaz de detener las horas y llorando los exilios de todos los instantes.


En "Más allá de Sherezade. Poesía contemporánea de Mujeres del Magreb. Volumen I. Memoria, exilio e inmigración"
    

18.7.26

Amparo Dávila. El cuerpo es una estrella fugaz...

El cuerpo es una estrella fugaz
una llama encendida
que se apaga
  
     La noche es una ala negra
     que se extiende
     y envuelve en su negrura


De "El cuerpo y la noche"
En "Poesía reunida"
   

17.7.26

María Casares a Albert Camus (1 de mayo de 1950)

Y, junto a todo esto, está el viernes! Y entonces ahí ya me pierdo. El viernes. El viernes te veré, te tocaré, estarás ahí a mi lado, y lejos del mundo, nos quedaremos juntos nosotros solos! Ay!, sí, querido amor mío, será la felicidad. Solo la felicidad sin pasado ni futuro. La paz. La eternidad.


En "Correspondencia"
   

16.7.26

Claire Keegan. Recorre los campos azules

Eran las tres en punto de la mañana cuando finalmente ella cruzó el puente hacia Achill. Ahí, al menos, estaba el pueblo: la cooperativa de pescadores, la ferretería y el almacén, la capilla de piedra rojiza, cada edificio cerrado y silencioso, debajo de los faroles que iluminaban débilmente. Siguió por una franja oscura de camino donde, a cada lado, altos setos de rododendro se habían vuelto silvestres y perdido sus flores. No vio a persona alguna, ni una ventana iluminada, apenas unas pocas ovejas de patas negras que dormían y algo después, un zorro aterrado, quiero ante los faros. La ruta se hizo empinada y luego doblaba en un camino amplio y vacío. Podía sentir el océano, los pantanos; espacio abierto, inmenso. El desvío hacia Dugort no estaba claramente marcado, pero se sintió confiada doblando hacia el norte, por el camino desierto que la llevó a la Böll House.


Principio de "La larga y dolorosa muerte"
uno de los cuentos del libro "Recorre los campos azules"