20.3.26

Jo Ann Beard. Los chicos de mi juventud

Aquí va un recuerdo de cuando todavía no sabía hablar: soy muy pequeña y estoy detrás de unos barrotes, como un mono bebé en una jaula. Mis padres acaban de acostarme en una habitación con las paredes de color amarillo chillón. Me parece bien, porque en la cuna tengo compañía: el borde de satén de mi manta azul, un anillo de plástico para morder que cuelga casi al nivel de mi boca de un pedazo de cordón verde y un muñeco llamado Hal con los ojos azules y las manos y los pies de plástico que se pueden chupar. En este momento de mi vida, Hal y los bordes de satén de las mantas me importan más que ningún ser humano que conozca.


Principio de "Los chicos de mi juventud"

19.3.26

Amparo Dávila. Meditaciones a la orilla del sueño

   1
  
A la orilla del sueño
donde la rosa
es pálido recuerdo;
   
frente al silencio,
más lejana cada vez
más incierta
y más sola.
   
   
   2
   
Surge la angustia 
ante el temor de ser
tan sólo la corteza
de un día vano.
  
Fuera del sueño
hay un barco
encallado en la voz.
   
  
   3
  
La angustia se desangra 
-gota negra,
negra y pesada gota-.
La sombra emerge limpia
de la sombra.
  
Dibujo mi mortaja 
blanca, fría,
en las aguas del sueño,
lentamente.
   
   
   4
   
Agua consternada
donde el silencio escucha
la piedad del silencio
y más allá, tan sólo, 
una angustia vital
de espumas rotas.



De "Meditaciones a la orilla del sueño"
    

18.3.26

Yiyun Li. Querida amiga, desde mi vida te escribo a tu vida

Mi primer encuentro con el antes y después fue en una de esas revistas de moda a las que mis amigas me dijeron que me suscribiera cuando llegué a Estados Unidos. Seguí su consejo diligentemente: en ese entonces sentía por Estados Unidos una fascinación antropológica. Nunca antes había visto una revista así, y la calidad de la impresión y el papel, por no hablar del tesoro oculto de los perfumes de regalo que esperaban ser abiertos, me hizo pensar en cómo funcionaba la economía de la revista, dado que el ejemplar no me había costado más de un dólar. 


Principio de "Querida amiga, desde mi vida te escribo a tu vida"
    

17.3.26

Margaret Atwood. Poemas últimos

Estos son los poemas últimos.
La mayoría de los poemas llegan tarde,
desde luego: demasiado tarde,
como la carta enviada por un marinero
que se recibe cuando ya se ha ahogado.
  
Demasiado tarde para ser útiles, esas cartas,
y los poemas últimos se parecen.
Llegan como por el agua.
  
De lo que tratasen ya ha pasado:
la batalla, el día soleado, lo iluminado por la luna
cayendo en la lujuria, el beso de despedida. El poema
lame la orilla como los restos de un naufragio.
   
O tarde, como tarde a la cena:
todas las palabras ya frías o comidas.
Truhán, en apuros, y vencido,
o demorarse, esperar, un rato,
abandonado, afligido, desconsolado.
Incluso el amor y la alegría: canciones ya roídas. 
Hechizos oxidados. Estribillos de espinas.
   
Es tarde, es muy tarde;
demasiado tarde para bailar.
Aun así, canta lo que puedas.
Enciende la luz: sigue cantando,
canta: Sigue.


De "Sinceramente"
    

16.3.26

Laurence Joseph. Nuestros silencios. Por qué callamos

Qué papel desempeña el silencio en nuestra vida? Para algunos es un tesoro, un sueño; para otros un infierno. Descrito como propiedad acústica, como acto deliberado o forzado, el silencio parece escaparse a una definición sencilla. Si tratas de acotarlo, enseguida te das de bruces con sus paradojas. Puede ser tanto el silencio del aislamiento voluntario como el silencio culpable del secreto.


Principio de "Nuestros silencios. Por qué callamos"
    

15.3.26

Irena Šťastná. 65+

Pegadas a sus grandes bolsas - a todo lo que han comprado - mujeres tímidas - con problemas de ansiedad - porque tiene que haber suficiente de todo - para todos los de alrededor.
   
Vivir como en una foto en blanco y negro - creer que dios mejorará - dejarse agarrar - entre el pulgar y el índice: langosta silenciada por la muerte - llevadas bajo el microscopio - cada mañana - cada tarde - toda la noche.


En "De sombra y terciopelo. Diecisiete poetas checas (1963-1988)"
    

14.3.26

Raquel Gavilán Párraga. Cómo arder sin consumirse

Tus manos en la tierra,
raíces de mi cuerpo,
cavan hondos senderos
donde el deseo se hunde
tan lejos, tan profundo,
que ni el sol ni el frío tocan.
  
En mí floreces,
bajo el peso de tu sombra
como un viento que ara la piel
y deja surcos ardientes
donde el sudor es semilla
y mi aliento, el agua que brota.
   
No hay palabra para ese fuego,
solo la lengua salvaje de las aves,
que canta en mi pecho cuando llegas,
que grita entre los ríos 
donde el miedo y la alegría
se abrazan con garras dulces.
  
Te devoro 
como la tierra a la lluvia,
como la raíz a la luz que no ve.
Y en el barro de tu piel,
despierto a mi profunda furia,
a este deseo que florece
como una flor venenosa
en la he hendidura del jardín. 
   
Escuchas cómo el mundo tiembla
cuando mis manos te alcanzan?
Es el rugir de los antiguos,
el susurro de lo que fuimos
antes de que el amor tuviera nombre,
antes de que el deseo supiera
cómo arder sin consumirse.


De "Volcán y cristales"
    

13.3.26

Mary Oliver. Mañana en Blackwater

Ya casi amanece
y los habituales medio milagros empiezan
dentro de mi propio cuerpo personal mientras la luz
entra por las puertas de oriente y trepa
hasta los campos del cielo, y las aves alzan
sus muy insignificantes cabezas de las ramas
y empiezan a cantar; y también los insectos,
y las hojas crujientes, e incluso
lo más común de las cosas terrenales, la yerba,
no puede dejar que empiece -otra mañana- sin
hacer algún comentario alegre, respirando suaves
con la miel de sus verdes cuerpos; y las blancas 
flores de la azalea pantano, planeando justo donde
el camino y el estanque casi se tocan,
desprenden de los pliegues de sus cuerpos
tal felicidad que llena el aire como una fragancia,
la primera afirmación elegante y pálida del día.
Y a los viejos dioses les gustaba tanto, según dicen,
el dulce olor de la plegaria. 


De "Iris Spuria"
En "Devociones"
    

12.3.26

Heather Christle. El libro de las lágrimas

Este libro empezó hace cinco años, cuando me planteé qué aspecto tendría un mapa de todos los lugares donde había llorado; fue una idea que trasladé a mis conversaciones con amigos sin saber cuántos años y páginas crecerían a su alrededor, sin saber cuánto cambiaría mi visión sobre las lágrimas.


Principio de "El libro de las lágrimas"
   

11.3.26

Lea Ypi. Indignidad. Una vida recreada

-Estoy buscando el archivo del servicio secreto -le digo mientras me acerco al primer taxi aparcado en Comuna de París, una de las bulliciosas calles de Tirana que conectan el centro de la ciudad con su circunvalación. Dudo en llamarla mi calle, aunque he tenido en ella mi dirección en Albania durante más de veinte años. Recién llegados a la capital en los noventa, la pregunta "Tú no eres de por aquí, no?" ya surgía con irritante regularidad cada vez que entablaba una de esas conversaciones con desconocidos que de entrada parecen inofensivas, pero enseguida se vuelven incómodas.


Principio de "Indignidad. Una vida recreada"