Nací en febrero de 1888, mientras se excavaban en el Champ-de-Mars los cimientos de un edificio que, aun siendo poco estético, era el símbolo de los nuevos tiempos. Tengo la misma edad que la Torre Eiffel, una edad moderna donde las haya y, sin embargo, nada era menos «moderno» que el entorno en el que viviría. Pertenecía a un mundo que, por principio, iba por detrás de su siglo, y mi familia, debido a un exceso de tradición, estaba a su vez a la zaga de las costumbres de su casta. En muchos aspectos, en casa seguíamos viviendo como en el siglo XVIII.
Principio de "Así viví 1900"
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