Tenía dos amantes y no me avergonzaba. Uno era Jack. Tenía diecisiete y yo quince. La piel de su rostro estaba tan tensa sobre sus huesos que temía por su cabeza, el mismo temor empático que uno siente por la integridad de un huevo.
Principio de "Caminar por aguas cristalinas en una piscina pintada de negro"
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