1.2.24

Annie Ernaux. Los armarios vacíos

Cada hora hago tijera, bicicleta o el ejercicio de pies en la pared. Para acelerar la cosa. Inmediatamente se despliega un calor extraño en alguna parte de mi bajo vientre, como una flor. Violácea, podrida. Sin dolerme. El dolor viene justo después en forma de avalancha invadiéndolo todo y en particular las caderas hasta extinguirse en la parte superior de los muslos. Casi un placer.


Principio de "Los armarios vacíos"
    

No hay comentarios: